En comparación con estados vecinos, durante 2019 en Puebla se concentró la tercera peor calidad del aire, de acuerdo con los índices presentados por The New York Times.

El diario estadounidense desarrolló una herramienta para visualizar las partículas flotantes de PM2.5, pequeñas partículas dañinas que causan el estragos en la salud humana.

Según lo definido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la buena calidad del aire tiene un límite de 12 microgramos por metro cúbico durante 24 horas.

De acuerdo con la medición, Veracruz es la ciudad con más contaminación de la región, pues alcanzó 184 micras de PM2.5; seguido de la alcaldía de Iztapalapa, en la Ciudad de México con 167 micras.

En tercer lugar se encuentra Puebla que, en su peor día, 156 micras de PM2.5, un nivel considerado “muy poco saludable”. Siguen Tlaxcala que alcanzó 131; Oaxaca con 127; y Cuernavaca con 118, cuya calidad es considerada “insalubre”.

En mayo de 2019, por varios días, Puebla rebasó los límites permitidos por la Norma Oficial Mexicana y registró mala calidad del aire. En aquella ocasión, la contaminación se concentró debido a la presencia de incendios forestales y a lo generado por automóviles, camiones, fábricas, quema de madera y otras actividades.

De acuerdo con el índice de The New York Times, los municipios poblanos que tuvieron la peor calidad del aire son:

  • Puebla: 156 PM2.5
  • San Andrés Cholula: 151 PM2.5
  • Tehuacán: 151 PM2.5
  • Teziutlán: 146 PM2.5
  • Atlixco: 136 PM 2.5
  • Amozoc: 130 PM 2.5

PM 2.5 las más dañinas

La contaminación de partículas 2.5 proviene principalmente de la quema de cosas: carbón en plantas de energía, gasolina en automóviles, productos químicos en procesos industriales o materiales leñosos y cualquier otra cosa que se encienda durante los incendios forestales.

Las PM2.5 puede evadir las defensas del cuerpo, entrando a los pulmones e incluso al torrente sanguíneo. Se ha demostrado que agrava el asma y otros trastornos pulmonares, aumentando el riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

Esta contaminación microscópica, llamada así porque cada partícula mide menos de 2.5 micrómetros de ancho, también se ha relacionado con problemas de desarrollo en los niños y deterioro cognitivo en los ancianos, así como con el parto prematuro y bajo peso al nacer.

De hecho, un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) concluyó que el vientre materno y la placenta no pueden proteger a los bebés de la exposición a partículas contaminantes PM2.5 (2.5 micras), por eso, ellos reciben el impacto de la contaminación desde el viente, incluso de manera más intensa que sus madres.

 

 

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POB/LFJ