OPINIÓN: ¿Cómo le hacemos para que la violencia pare?

Hoy quiero hacer una reflexión sobre el nivel de violencia que estamos viviendo, donde quitar la vida a una persona es fácil, sencillo y no horroriza más.

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Anoche no pude dormir. Seguramente como yo, varias personas pasaron la noche pensando cómo habrán sido los últimos minutos de vida de los tres estudiantes de Medicina, o los del conductor de Uber; pero también en los de Fátima, o los de Ingrid Escamilla, o los de Marbella Valdez o incluso los de Mara Castilla o de José Andrés de Larrañaga.

Hoy quiero hacer una reflexión sobre el nivel de violencia que estamos viviendo, donde quitar la vida a una persona es fácil, sencillo y no horroriza más.

El sábado pasado, en Córdoba, Veracruz, mi lugar de nacimiento, un grupo armado decidió atacar una caseta de policía, matando a dos elementos que ahí se encontraban. ¿Qué tiene de particular este hecho cuando de este tipo suceden a diario? Que sucedió a las tres de la tarde, frente a los ojos de todos los comensales de un restaurante. Ahí, frente a esa plaza comercial, los asesinos decidieron accionar sus armas y quitar la vida.

Así de fácil.

En Puebla, Ximena, José Antonio, Francisco y Josué Emanuel fueron asesinados –aparentemente– porque Ximena enfrentó una mujer que intentó robarle su sombrero.

Así de fácil.

En Ciudad de México, por celos, un hombre decidió asesinar a su pareja y desollarla para «esconder» el crimen; y una mujer decidió secuestrar a una niña para que fuera «la noviecita» de su pareja, quien terminó matándola.

Así de fácil.

En Tijuana, un acosador secuestró, violó y asesinó a Marbella Valdez. No le bastó eso, el hombre acudió al funeral vestido con una playera blanca con la foto de la víctima y la leyenda #NiUnaMás, dio el pésame a la familia y pidió que lo incluyeran en la investigación para que el crimen no «quedara impune».

Así de fácil.

En Puebla, el caso de los tres estudiantes de Medicina y el conductor de Uber, parece que ha despertado la consciencia. El movimiento universitario que ha nacido de la tragedia me llena (y nos debe llenar) de esperanza, de que es necesario alzar la voz, juntarnos, dejar los juicios, las críticas, todo aquello que nos separa, para poder exigir lo que nos corresponde: vivir seguros.

El caso de Mara Castilla, hace casi tres años, fue el primer aviso. El secuestro y asesinato (a manos de sus compañeros) de José Andrés de Larrañaga, fue el segundo. El tercero debe ser este: no más.

Los estudiantes foráneos formamos en Puebla nuestro hogar. Salimos de nuestras casas con maletas llenas de sueños, de ilusiones, que no solo son nuestras, sino de nuestras familias también. Dejamos a nuestros padres, amigos y costumbres. Venimos a adaptarnos a una nueva sociedad, que debe hacernos sentir tan poblanos como ellos. Por eso, sumemos a la protesta, a la exigencia.

Esta bola de nieve es insostenible, juntos debemos contenerla.

Pueden contactarme en: [email protected] y en Twitter, a través de:

Lizeth Flores Jácome es periodista, directora editorial de Poblanerías. Tiene una amplia experiencia en la cobertura de eventos nacionales e internacionales. Desde foros, procesos electorales, ferias y justas deportivas.


POB/LFJ