OPINIÓN: Hay que reventar este periodismo machista

Necesitamos un periodismo más profesional, más humano y respetuoso de las personas más importantes, nuestras audiencias.

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No es la primera vez que sucede, tampoco ha sido la peor, pero sí debería de ser un antes y un después.

La filtración de imágenes de una víctima y del video en que su asesino confiesa y que luego fueron reproducidas, replicadas y publicadas por medios y periodistas, no pueden quedarse como mera anécdota del periodismo más vil y ruin que puede haber.

El periodismo se trata de contar historias, de explicar la realidad en función de los hechos y en dar a conocer lo que alguien no quiere que se conozca y eso puede incluir historias violentas, pero con la intención de ponerlas en contexto y no con el afán de convertirlas en mercancía.

Santiago Stucci Pontocarrero, psiquiatra de profesión, explica que la representación de la violencia en los medios depende de muchas percepciones humanas y sociales que van desde la justificación de la reproducción de la violencia como una forma de catarsis social, hasta aquellas que advierten sobre fenómenos inspiracionales que contribuyen a la descomposición social. (Stucci Pontocarrero Santiago, “Violencia, política y medios de comunicación: la experiencia peruana”, publicado en el blog Psiquiatría Histórica).

Este experto habla un poco sobre cómo en el ámbito científico se estudia el papel de la prensa como si pretendiera mostrar la violencia solo para satisfacer, por un lado, el natural morbo humano y por otro para tratar “aliviar” esa necesidad de violencia, como si al consumir violencia las personas dejarán de serlo.

Más lamentable es el argumento que algunos medios y periodistas anteponen de que el derecho a la libertad de expresión es la prerrogativa que les permite difundir este tipo de hechos.

¿Qué nos toca?

El caso reciente del feminicidio de una joven de 25 años y el siguiente caso de una menor de siete años, como cualquier suceso que suponga que existen víctimas, es y será el pretexto para insistir en lo que puede ser la mejor ruta del periodismo.

Si como periodistas nos queremos asumir como la primera línea de defensa de los derechos humanos y la democracia, entonces debemos ser congruentes con esta idea y entender que el derecho a la libertad de expresión tiene límites y estos límites se encuentran en el resto de garantías individuales.

El derecho a la libertad de expresión no es ni puede ser licencia para vulnerar los derechos de las personas y eso incluye entonces respetar, proteger y promover estos derechos, como el derecho a la propia imagen, el derecho a la protección de datos personales, el interés superior de la infancia, etc.

El periodismo en el mundo, y particularmente el periodismo mexicano, requiere con urgencia una deconstrucción machista y reconstruirse con una visión de género que garantice la protección de las mujeres, especialmente si son víctimas de esa violencia machista.

Esta deconstrucción significa cambiar la narrativa y la forma en cómo contamos historias, dejando de privilegiar o exaltar a un asesino por encima de su víctima, rompiendo con estigmas sociales discriminatorios que atentan los derechos de las víctimas, que las criminalizan y las responsabilizan de lo que les ha sucedido.

Necesitamos un periodismo más profesional, más humano y respetuoso de las personas más importantes, nuestras audiencias.

Y para eso es urgente que cada medio y cada periodista tenga presente que nos urgen… nos urgen códigos éticos.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.


POB/LFJ