Este año ha sido atípico. Comenzó con una serie de rumores, con desinformación, distribución del miedo y de pronto… llegó lo que esperábamos, pero no queríamos.

Cada vez vivimos en una situación que no imaginábamos, positiva o negativa. Nos cuesta trabajo entender nuevos órdenes, nuevos métodos y hasta nuevas rutinas. Nos afecta el cambio y lo resistimos, pero 2020 dijo «va a fuerza y aunque no quieran».

¿Cómo va a afectar nuestras vidas, de ahora en adelante, el Covid-19? Trabajar desde casa, casi como norma; la digitalización estará más presente en nuestras vidas; tendencia a que la educación sea a distancia; el cuidado de la salud mental será una obligación; servicio para llevar de los restaurantes, como nueva alternativa; transporte y movilidad con distanciamiento social; nuevo rol de la manufactura; adaptarse a nuevas operaciones comerciales. No hay dónde acabar.

Poblanerías en línea platicó con cinco madres de familia, que se dedican 100 por ciento al hogar, trabajan medio tiempo o hasta tiempo completo. Nos han platicado cómo han vivido la pandemia, el aislamiento social y sobre todo: el dinero. Cómo la moneda de cambio les ha hecho reflexionar, valorar y extrañar.

Maru, Nancy, Silvia, Enriqueta y Ana Laura; diferentes edades, distintos roles, diferentes situaciones y todas coinciden: preocupación, pero en ningún caso ha sido limitante, pueden y lo han logrado. Atienden varias áreas, hacen equipo con la familia y cada miembro «agarra la onda» de las funciones.


MAMÁS EN LA PANDEMIA
Maru, pocas semanas antes de dar a luz.

Maru

«Yo estaba con 37 semanas de embarazo cuando inició la cuarentena, tuvieron que hacerme cesárea con 38 semanas, para no estar cerca del hospital.
Mi doctor y todo el equipo, con protección y solo estuve internada 20 horas, sin visitas, y para recibir a un bebé, es muy triste.
Mi familia fue conociendo al bebé solo a distancia, desde la ventana de la calle y lo más pesado ha sido vivir con el miedo de un contagio, por que una mujer que recién dio a luz es muy vulnerable, y solo la idea de infectar al bebé es aterradora.
Mi esposo sigue trabajando, así que tuvo que quedarse solo en casa, sin convivir con su bebé y cuidar a su esposa.
Vende ropa y zapatos a domicilio y en abonos. Contrario a lo que todos creerían, su trabajo ha aumentado debido a que la gente está en casa y tienen oportunidad de recibirlos. Él es quien está inyectando lana a toda la familia, hace las compras para que coman todos: mamá, hermanos, cuñados, sobrinos.
Todos mis hermanos llevan un mes y medio sin trabajar. Ellos y yo tenemos salones de fiestas. Con sus ahorros siguen pagando la nómina.
Hemos reagendado eventos, pero aun no dan bandera blanca para reiniciar en junio, así que los estamos poniendo para el próximo año, porque los clientes no tienen para liquidar».

MAMÁS EN LA PANDEMIA
Silvia (en medio) con su familia.

Silvia

«Nosotros hacemos la cuarentena como se indica, mi hijo y madre no han salido para nada; y yo que tengo que salir, para comprar víveres, salgo con todas las precauciones.
Me parece triste cómo las personas no se cuidan, no creen y salen con sus hijos. Su ignorancia hará que este resguardo se prolongue aún más, afectando toda la economía todavía más.
Mi hijo tiene clases virtuales, la verdad mis respetos para los profes.
Yo soy médico, pero particular. Así que solo consulto por cita, para evitar contagios. Pero en los hospitales está feo, varios amigos me lo comentan, ya murieron 2 de mi generación de la universidad.
En el Issstep, estaba uno en terapia intensiva. Es un residente a cargo de un compañero urgenciólogo».

MAMÁS EN LA PANDEMIA
Nancy con su hija y esposo.

Nancy

«Jamás pensé en todo lo que implica. Tuve que pedirle a la persona que me ayuda en casa que ya no viniera y mi secretaria me dio las gracias; así que el trabajo en casa y la oficina, yo lo hago.
En mi negocio, que es una refaccionaria, han bajado las ventas. Muchos de nuestros clientes de crédito no nos han pagado y los proveedores nos cobran y quitan descuentos, aún sabiendo que a todos nos ha bajado el negocio.
Salgo una vez a la semana al súper, como Robocop: careta, lentes, cubreboca, guantes, sanitizante en spray para las compras y sanitizante en gel para las manos.
Me levanto a las 5:30 para hacer desayuno y dejar limpio me voy a las 9, con todo e hija, y de ahí regreso a las 2 para preparar la comida y limpiar y eso; a las 5 entra mi hija a clases en Zoom y de ahí tengo que hacer pagos y checar cortes diarios, mis días vienen terminando 9:30-10 de la noche.
Mi hija hoy me dijo que su corazón está aburrido y triste porque no podemos hacer nada, pero que hay que esperarse por el Covid, me exige mucho tiempo con ella, y a veces siento feo porque no puedo por trabajo y aunque sea, me quedo 30 minutos jugando algo que ella quiera».

MAMÁS EN LA PANDEMIA
Enriqueta en la sala de su casa.

Enriqueta

«Me dedico al 100 por ciento a la casa. Tengo 3 hijos de 16, 14 y 10 años; fue muy estresante al principio, ya que los tres necesitan atención. Optamos por adelantar tareas, y en ocasiones se enviaba antes. La cuestión es organizar horarios y quehacer en casa. Todos limpiamos y hacemos tarea.
Yo hacía comidas para ayudarle a mi a marido un poco, pero la contingencia hizo que la gente que trabajaba aquí cerca, ya no compre. Además, a mi esposo le subieron las cuotas y las ventas no están muy bien. Su sueldo, que es de comisiones, se redujo a la mitad. [Poco antes de la publicación de esta entrevista, Enriqueta informó a Poblanerías que, finalmente, despidieron a su esposo, como preventista en Jugos del Valle, sin dar explicaciones].
Vivimos en una casa de 2 pisos la parte de arriba es mía y la de abajo de mi hermano que vive con mi mamá. Ellos dos trabajan. En ocasiones los fines de semana comemos juntos y nos repartimos la comida».

MAMÁS EN LA PANDEMIA
Ana con sus dos hijas.

Ana Laura

«Por las mañanas hago ejercicio en mi casa utilizando todos los aparatos que tengo y no ocupaba por falta de tiempo. Tomo café en lo que leo algo de noticias y luego atiendo a mis perros, desayuno y hago cosas en la casa que nunca hacía, como sacar todo lo que –guardas y ya no sirve–.
Entre el ejercicio y la comida saludable he bajado 4 kilos, al fin lo logré jaja.
Lo que lamento es no poder ir a ver a mi papá, porque él es una persona grande, tiene 75 años, y se está cuidando para evitar contagiarse. Tenemos comunicación y en lo que puedo, le ayudo para hacer sus pagos y otras cosas.
Voy dos veces a la semana a la estación de radio donde trabajo, para cargar pautas o lo que se ofrezca.
La convivencia en la familia ha sido muy buena y cuando todo regrese a la normalidad, diremos –extraño la cuarentena–».

 

 


POB/JCSD