OPINIÓN: A punta de “decretazos”, así se gobierna en Puebla

El ejecutivo estatal comunica una dificultad real para establecer ese diálogo que exigen gobiernos y sociedades de nuevos tiempos.

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La personalidad del Gobernador Miguel Barbosa excede las condiciones propias de una gobernanza que exige diálogo, mucho diálogo, consensos, acuerdos, pactos y transiciones.

La comunicación gubernamental del mandatario poblano es tendencia en las redes sociales y en los grupos privados de consultores políticos, donde lo mínimo que se comenta es la rudimentaria actitud de un mandatario que llegó a la gobernanza para hacer lo que inversamente propuso en su campaña como candidato: Reconciliación, no venganzas, el cese de las persecuciones y el fin de la era de los excesos y la corrupción en Puebla.

Hoy el mandatario poblano está ejerciendo el poder confrontado con el mismísimo Presidente Andrés Manuel López Obrador, con la Presidenta Municipal de Puebla, Claudia Rivera Vivanco, con las empresas ancla de la economía local (Volkswagen y Audi), con los medios de comunicación y con las instituciones educativas y universidades privadas.

Al más puro estilo de los caciques pueblerinos de antaño, se da un manotazo sobre la mesa para lanzar decretos sin ton ni son y meter al redil a la bola de rejegos empresarios, funcionarios, ediles y hasta ciudadanos.

Hay políticos como el Gobernador Barbosa que, en el ejercicio del poder, no miden la consecuencia de sus actos, perdiendo dimensión y olvidando que su estancia en el mismo, tiene una caducidad.

Sin lograr una conexión con los ciudadanos a los que gobierna, Barbosa replica el patrón presidencial con sus ruedas de prensa matutinas, donde no hay día que evite dar “cátedra” de patanería y falta de respeto hacia los periodistas que cubren la fuente gubernamental.

En Puebla no hay oportunidad para darle un NO al gobernador. Su mandato transita con el primitivismo de los serviles que como primates brincan desde un Congreso del Estado invadido por la estructura gubernamental que sólo opera para signar acuerdos y votar al ritmo de un gran elector.

Desde la Auditoría Superior del Estado se amedrenta con auditorías a Ayuntamientos y Universidades.

Y se vuelven a lanzar decretos como si con ellos también se quisiera controlar a la pandemia que está desbordada en una Puebla, donde pocos saben mucho de quien hoy nos gobierna.

Abajo y a los pies del mandatario estatal, como en los viejos infiernillos, están las deidades menores, muy menores, haciendo hornilla en las brasas para alentar una confrontación que en Puebla se siente ni siquiera con la caricaturizada oposición panista, sino entre morenistas de abajo, de arriba y de en medio.

Con tanto decreto, el ejecutivo estatal comunica una dificultad real para establecer ese diálogo que exigen gobiernos y sociedades de nuevos tiempos.

En Puebla estamos viviendo al humor del Rey de Chocolate, esperando que el próximo decreto sea una nueva prohibición para alinearnos a la máxima voluntad de la nueva era barbosista.

@rubysoriano

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POB/LFJ