OPINIÓN: Vivir en la “Yihad” morenista

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Son varias desgracias las que encara México en este 2020 al margen de la pandemia sanitaria. Los más de 117 mil contagios y casi 14 mil muertes muestran a un país donde a toda costa se busca eclipsar el pésimo manejo gubernamental en materia de salud pública frente a la debacle mundial de Covid-19.

Es imposible seguir ignorando el clima de crispación y confrontación que existe en un país donde la división se siente, se palpa, se respira.

¿Hasta dónde vamos a llegar en las confrontaciones estériles alentadas por cúpulas sociales, patronales, intelectuales y por el propio Gobierno Mexicano?

El país encara la muerte de miles de personas a causa de una pandemia, pero también enfrenta una crisis económica que se siente a todos los niveles.

Es una realidad que los grupos que el Presidente Andrés Manuel López Obrador etiqueta como “conservadores” han resurgido para señalar con mayor acuciosidad los errores de un gobierno que poco hace por enderezar el camino y abrir los canales de diálogo y consensos.

¿Por qué empeñarse en dividir al país? ¿Por qué quien gobierna México hoy pretende agruparnos en liberales o conservadores?

La frase del Presidente AMLO pronunciada este fin de semana, fue sin duda uno de sus grandes desaciertos para alentar la confrontación, cuando al país le urge una cruzada de “Reconciliación Nacional” y no una arenga que siembre las semillas de una “Yihad” al estilo morenista.

El Presidente dijo: “O se está con la transformación o se está en contra de la transformación del país”.

Y ante esto, nos preguntamos dónde queda la necesidad de los contrapesos sociales, de esa inminente urgencia de generar equilibrios para que un gobierno de izquierda camine en la mira de los ciudadanos que votaron por esa aparente transformación.

A pesar de estos lamentables gazapos presidenciales, el partido del mandatario AMLO mantiene ventaja en las preferencias de voto en varias entidades del país.

Los costos electorales y gubernamentales pueden ser muy altos para el partido que hoy gobierna el país, sobre todo cuando la figura presidencial fue la que catapultó la mayoría de los triunfos en territorio nacional y hoy poco se hace para revertir la confrontación del propio Presidente no sólo con una buena parte de conservadores como él los llama, sino también con esos sectores donde realmente hay molestia y enojo frente a las ocurrencias y pleitos que insiste en atizar un Andrés Manuel que regresó a sus años de intolerancia y rijosidad.

México emula una bestia dormida que había empezado a revivir con nueva piel; la piel de nuevos tiempos y cambios.

Hoy nos damos cuenta que esa bestia se ha quitado el disfraz para mostrarnos a un nuevo dinosaurio que evoca lo viejo, lo paralizante y con pocas ganas de cambiar.

El país necesita de crítica que construya, de nuevos canales de diálogo y de ciudadanos que difieran con el poder de un Presidente.

Urge entender que no estar de acuerdo con el Presidente no es irse al otro extremo del conservadurismo.

La descalificación hacia los opositores debilita a este gobierno. Así como lo debilita la necedad de etiquetar a medios de comunicación o de “aplastar” cualquier indicio de crítica gubernamental.

La división de un país fragmenta no sólo al pueblo, también debilita a los hombres que detentan el poder y no entienden que los absolutismos son un indicio para construir democracias disfrazadas.

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POB/LFJ