PELÍCULA: Corazonada, la pesadilla de Francis Ford Coppola

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Francis Ford Coppola estaba por cumplir 41 años cuando tomó una de las decisiones más arriesgadas de su vida. El director de El padrino compró un gran estudio en Los Ángeles por 6.7 millones de dólares en marzo de 1980.

Se trataba de toda una inversión que incluía nueve sets de filmación y 34 cuartos para edición y postproducción. Así, un joven realizador que había cambiado para siempre la historia del cine ahora se convertía en el jefe y principal ejecutivo de Zoetrope Studios. Una compañía propia para una visión única en Hollywood.

Coppola quería que Zoetrope fuera un espacio privilegiado para los creativos de la industria; una empresa que no interfiriera con los directores y que firmara contratos permanentes con actores. Un estudio de la época dorada, pero sin protocolos de bombo y platillo.

Este brinco hacia el pasado, está en la esencia de Corazonada, película musical filmada a la manera de una obra de teatro. Aquí hay dos elementos clave: Los pininos artísticos de Coppola fueron en el teatro universitario y su padre, Carmine, era un compositor destacado. Esta combinación de música y bambalinas hace que Corazonada sea una cinta muy personal en la filmografía del director.

La narrativa es muy sencilla. Frannie (Teri Garr) y Hank (Frederic Forrest) forman una pareja que vive en unión libre, experimentando frustraciones asociadas con el matrimonio. Los novios terminan su relación y por dos días imaginan un futuro distinto; ella con Ray (el fallecido Raúl Juliá en el mejor papel del filme) y él con Leila (una sensualísima Nastassja Kinski).

La teatralidad de Corazonada es obvia y sutil a la vez. Empecemos por las obviedades. Un telón se abre al inicio de la película para presentar un mundo que se percibe artificial, en una ciudad de Las Vegas completamente recreada en sets.

Todo el tiempo vemos escenografías que no pretenden impresionar por su realismo, sino por su despliegue de gran tamaño (como en el mejor musical de Broadway). Las Vegas Strip, en la cinta de Coppola, requirió de al menos 10 mil focos para su recreación; un mérito enorme del diseñador de producción Dean Tavoularis.

Mención aparte merece el trabajo de fotografía de Vittorio Storaro. Valiéndose de luces neón, el italiano inunda la pantalla con rojos y azules que refuerzan el concepto de una vida teatral, más allá de la existencia cotidiana. Los protagonistas son personas comunes que habitan una ciudad de fantasía.

Lo artificial también se manifiesta en la forma en que ciertas escenas están construidas. Cuando Ray conoce a Frannie, ella está en el aparador de la agencia de viajes para la que trabaja, acomodando maquetas y letreros de Bora Bora. Los personajes hablan a través del cristal en un juego de reflejos y transparencias delicioso.

Como las maquetas de destinos turísticos (también aparece una del Empire State de Nueva York), Corazonada es una película de aparador: Satisface visualmente al espectador, captura su mirada, pero difícilmente lo hace vibrar emocionalmente.

Este musical extraño fue un rotundo fracaso financiero. Durante la filmación, Zoetrope pidió a sus empleados que renunciaran a la mitad de su sueldo. Varios inversionistas se retiraron del proyecto y Jack Singer, un empresario canadiense, terminó por quedarse con la propiedad del estudio en Los Ángeles. La carrera de Coppola jamás recobró el esplendor alcanzado con las dos primeras partes de El padrino en los setenta.

Querido lector, Corazonada está disponible en MUBI hasta el 6 de agosto.

LA PALOMITA:

Zoetrope Studios, ahora American Zoetrope, tiene su sede en San Francisco. Ahí, un restaurante italiano sirve vinos del sello “Francis Ford Coppola Winery”.

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“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

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POB/JCSD