Texto: Guadalupe Juárez

Puebla ha cumplido una década con una política que criminaliza a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Pero durante ese mismo tiempo se han gestado redes de apoyo entre mujeres que se han preparado para orientar, apoyar y acompañar a otras mujeres durante los procesos de aborto.

Esto, sin embargo, les ha significado que sean hostigadas en redes sociales o que grupos religiosos simulen, a través de perfiles falsos, solicitudes de información con las organizaciones civiles que impulsan la despenalización del aborto en el estado.

Las redes de apoyo abordan muchas áreas. Van desde la asesoría psicológica posaborto, a la canalización con otros grupos para que les donen el medicamento que se necesita para interrumpir el embarazo y la entrega de apoyos económicos cuando se necesitan otro tipo de procedimientos.

También presionan a las autoridades de salud cuando éstas se niegan a otorgar el servicio de interrupción de embarazo, aun cuando se trata del producto de una violación o de casos en los que se encuentra en riesgo la vida de las mujeres, o de otra de las cuatro causales en las que se encuentra permitido.

Infografía: Valeria Bautista/Manatí

¿Qué significa acompañar a otras mujeres?

Manatí conversó con mujeres que pertenecen a estas redes de apoyo dedicadas a brindar “acompañamientos amorosos”, como llaman al proceso de interrupción del embarazo seguro desde casa.

La identidad de estas mujeres ha sido reservada debido a que su respaldo, en muchas ocasiones, genera que sean hostigadas en sus perfiles de redes sociales por grupos antiderechos.

También se ha decidido mantener en el anonimato el nombre de las organizaciones civiles en donde colaboran, debido a que en Puebla interrumpir el embarazo en “cualquier momento de la preñez” es considerado un delito a quien lo practique.

Por ejemplo, cuando Ana lee las solicitudes que llegan a la página de la organización social de la que forma parte, prefiere contactar por su cuenta a las interesadas.

Antes de hacerlo, revisa que los perfiles sean auténticos, porque se ha encontrado con algunas cuentas falsas y otras más que están ligadas con grupos religiosos opositores a la despenalización del aborto.

Te podría decir que no todas las mujeres la viven de la misma manera, porque tenemos asociado que un aborto es muy complicado y muy difícil. Hay mujeres para quienes sí puede ser muy difícil, incluso en algunas ocasiones he tenido que recomendar psicólogas feministas para que hagan el acompañamiento posterior. Por la culpa, por las ideas que nos meten que es un bebé o la presión de la pareja de que ‘yo no quiero’, les afecta a ellas, las afecta emocionalmente”.

Ana también se ha encontrado a mujeres que no se ven afectadas con esta experiencia y que incluso se sienten liberadas, porque continuar con un embarazo era una carga, por lo que le agradecen haberlas apoyado.

También ha conocido a mujeres que sí deseaban su embarazo, pero que este tuvo que ser interrumpido debido a que el producto tenía malformaciones. No pocas veces el personal médico se ha negado a realizarles este procedimiento bajo el alegato de que deben esperar más, por lo que las pacientes optan por las redes de apoyo.

Ilustración: Valeria Bautista/Manatí

Las redes a las que pertenece Ana han capacitado a otras mujeres en el interior del estado para que acompañen a mujeres fuera de la capital poblana y a su vez a otras compañeras para que sigan con la labor que ha desempeñado.

Como se sabe, el aborto ha sido, durante los últimos años, una demanda entre mujeres de distintos municipios. De 2016 a 2019, 416 mujeres de 56 municipios de Puebla acudieron a las clínicas de la Ciudad de México en las que la interrupción del embarazo es legal y segura.

“Rompes estereotipos”

Martha, quien es integrante de otra red de apoyo desde hace seis años, no cree en los estereotipos de mujeres que abortan. Dice que suele pensarse que sólo las jóvenes o adolescentes con una vida sexual muy activa son proclives a solicitar estos procedimientos.

Pero en este tipo también ha conocido a mujeres que ya son madres o que están en la menopausia y no pensaban embarazarse a esa edad.

Al principio me generaba mucho nervio, porque decía, ay, ¿si algo sale mal? Porque al final tú has escuchado todos los mitos que hay sobre el tema. Sin embargo, he podido reconocer la manera en que las mujeres interrumpen su embarazo y lo que sienten al vivirlo acompañadas. El que a mí me permitan acompañar estos procesos y que confíen, porque muchas veces es un tema de confianza, muchas veces nunca nos hemos visto en persona, sobre todo ahorita con la pandemia”, cuenta.

A Martha, de manera personal, la experiencia le ha permitido ser más empática, no sólo con las mujeres que piden su ayuda, también para quienes se pronuncian en contra de la despenalización de la interrupción del embarazo.

Lo dice porque cree que algunas de estas mujeres también tienen miedo y no han escuchado a otras personas y la diversidad de los casos en donde los embarazos se dan en un contexto de violencia sexual, de violencia de pareja o por fallas de los métodos anticonceptivos.

Me ha brindado muchas herramientas de un trabajo y es un privilegio acompañar a las mujeres a interrumpir un embarazo de manera segura”.

 

La historia de Laura

Cuando las mujeres se encuentran desprovistas de redes de apoyo, los procesos de interrupción del embarazo pueden llegar a ser complejos por distintas razones. La historia de Laura engloba algunas de éstas.

Laura descubrió que tenía un embarazo de dos meses cuando estudiaba la universidad y tenía 20 años.

Se lo contó a su novio y, por recomendación de un amigo, supo que la opción más segura para ella era viajar a la Ciudad de México e interrumpir su embarazo de forma legal.

Pidió dinero prestado y fue a una de las clínicas públicas de la capital del país, se formó, la atendieron, pero el médico en el lugar le aseguró que su embarazo era de tres meses y una semana, más del tiempo permitido para interrumpirlo.

El doctor la envió con la trabajadora social del hospital y ella le dio una tarjeta con el número del médico que la atendió, pero con los datos de una clínica privada, en donde sí pudo interrumpir su embarazo. Por el procedimiento pagó dos mil pesos más, pero se endeudó para poder pagarlos.

Pero a nueve años de distancia, asegura que, en medio del caos, la incertidumbre y el miedo que tenía de interrumpir su embarazo, nunca comprobó que tuviera los tres meses y una semana que le dijeron, lo que evitó que el servicio fuera en una clínica pública.

A lo mejor si ahorita pasara sabría qué hacer, porque ahora hay redes que te ayudan a realizarlo hasta en casa, en ese momento no estaba informada, tenía miedo, no le dije a nadie. Ni siquiera sentí el apoyo del que en ese momento era mi novio”, relata.

Aunque hasta hoy Laura está segura de la decisión que tomó, cree que no decírselo a nadie, más que a su pareja, le costó llevar toda la carga de este proceso.


ESTE CONTENIDO FUE PUBLICADO ORIGINALMENTE POR MANATÍ.MX Y POBLANERÍAS LO REPRODUCE CON AUTORIZACIÓN DE SUS AUTORES.

 

 

 

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