Hoy en día, si así lo decidimos, podemos contar con una amplia oferta cervecera, lo cual, como bien sabemos, no siempre fue el caso.

La cerveza industrial ha enfrentado en la última década a un digno rival en algunos anaqueles de supermercados y tiendas de autoservicio, la cerveza artesanal, elaborada por maestros cerveceros locales o regionales.

Con la proliferación de marcas nuevas de cheve artesanal, ahora el consumidor tiene la opción de llevar a su paladar a nuevas experiencias, empujando su sentido del gusto hacia territorios que antes consideraba imposibles de pisar.

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Sabores y olores nuevos nos conquistan. Ahora prestamos atención, con boca y nariz, a aspectos que antes pasábamos por alto. Aroma, cuerpo, gusto y retrogusto, incluso el color y la turbidez entran en juego en la experiencia de echarse una chela.

Y aunque siempre existe la oportunidad de conseguir esa experiencia con cervezas importadas, provenientes de culturas históricamente cerveceras como la alemana, belga, inglesa o bohemia; los maestros cerveceros de nuestras localidades han facilitado el acceso a estas con sus interpretaciones particulares de estas bebidas.

Las ventajas de tener al alcance los productos de un cervecero local son muchas, pero hoy hablaremos de una condición que puede presentarse en la producción de un maestro artesanal y que puede ser una desventaja con respecto a la cerveza industrial: un inadecuado control de calidad.

La calidad de los ingredientes, la receta y el debido proceso de producción, son factores vitales para que una cerveza se pueda considerar buena, o por lo menos potable, bebible, inocua.

cerveza artesanal
Marcas mexicanas de cerveza artesanal. Foto: Juan Carlos Sánchez

Desafortunadamente no todos los maestros cerveceros le dan el mismo valor a estos factores. Empujados por las condiciones económicas, en ocasiones tienden a omitir procesos de control de calidad que únicamente pueden ser prestados por un especialista en la materia. Al final de cuentas la cerveza es un alimento, lo ingerimos y por lo tanto debe ser inspeccionado por un profesional con el perfil indicado.

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De acuerdo con Karen Peraza, maestra en ciencias con experiencia en el ramo cervecero, realizar un análisis profundo del producto es de vital importancia, de lo contrario se corre el riesgo de envasar una cerveza de baja calidad.

No sabrás la cara microbiana del producto final, propiciando la formación de sabores indeseados y la disminución de su vida de anaquel”, mencionó.

Otros efectos no deseados son la sobre carbonatación (que se presenta de inmediato al abrir la cerveza con un desborde espuma acelerado) y la coagulación de la cerveza, la cual se puede dar por la presencia de un lactobacilo (lactobacillus brevis).

Para un sector de la industria cervecera que está batallando con gigantes transnacionales como AB InBev y Heineken México, los cerveceros artesanales deben ganarse al consumidor mediante una primera impresión positiva, ese es el primer paso para subsistir. De ahí la importancia de cuidar meticulosamente el resultado final de cada tanda de cerveza producida con un adecuado control de calidad.

Tomarse lo artesanal demasiado en serio, es un arma de doble filo. Tanto el consumidor como el productor deben tenerlo presente, exigiendo lo mínimo para asegurar una experiencia cervecera satisfactoria.

 

 

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POB/LFJ