CINE: El problema de regular la diversidad

La diversidad importa. La pluralidad enriquece el debate. Está bien que la industria del cine se preocupe por la diversidad, pero las formas...

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Safford, Arizona, 2003. El director de una secundaria le pide a Savana Redding, de 13 años, que pase al baño acompañada por una mujer y se quite la ropa. Una compañera la acusa de haberle dado analgésicos.

La escuela verifica que Savana no trae pastillas encima. Su madre, furiosa, demanda al distrito escolar y el caso llega a la Suprema Corte de Estados Unidos. La corte decide que desnudar a una estudiante, aún con la finalidad de encontrar drogas, es inconstitucional.

En aquel momento, la Suprema Corte contaba con ocho magistrados hombres y una sola magistrada, la liberal Ruth Bader Ginsburg. En entrevistas, Ginsburg cuenta que dirigió la conversación con sus colegas para convencerlos de la gravedad del asunto. ¿Qué hubiera pasado con nueve hombres en la corte?

La diversidad importa. La pluralidad enriquece el debate. Personas del sexo opuesto, de otra formación, raza o religión pueden cambiar la perspectiva sobre un tema y eso es maravilloso.

Por eso, veo con buenos ojos que la industria del cine se preocupe por la diversidad tanto en pantalla como fuera de ella. Difiero en las formas.

Los estándares de inclusión que publicó la Academia hollywoodense el pasado 8 de septiembre no son más que una estrategia de relaciones públicas, una lavada de cara y nada más.

Las cintas que quieran llevarse el Óscar a la mejor película deberán apostar por la diversidad en dos de cuatro categorías, a partir de 2024.

Estas categorías son:

  1. representación en pantalla, temas y narrativas
  2. equipo creativo
  3. acceso a la industria y oportunidades laborales
  4. desarrollo de audiencias

Analicemos el primer punto. Para cumplir, una película deberá centrar su historia en mujeres, grupos minoritarios, la comunidad LGBT o personas con capacidades diferentes.

¿Usted, director, quiere contar una historia sobre un soldado blanco? No se preocupe, basta con que uno de sus actores protagonistas o de reparto sea negro, asiático o latino. ¿Todos son blancos? No se preocupe, quedan tres categorías más.

Vayamos a la segunda sobre el equipo creativo. Aquí, al menos dos jefes de departamento deben ser mujeres, personas LGBT o miembros de una minoría étnica. Un filme con Emmanuel Lubezki (mexicano) como director de fotografía y con Sandy Powell (mujer) como diseñadora de vestuario ya se sacó un diez en este estándar.

¿Importa que Powell y Lubezki sean tan reconocidos y tengan tanto poder en Hollywood como dos hombres blancos estadounidenses? No, no importa. Una es mujer; el otro es latino.

El tercer y cuarto puntos son de risa loca. Las películas tienen semáforo verde si la compañía productora ofrece prácticas profesionales pagadas a los ya mencionados grupos vulnerables. Si no tienen espacio para practicantes, pueden ser los ejecutivos de marketing y publicidad quienes reflejen la diversidad.

¿En serio? En la práctica, un director racista puede dirigir un filme para Netflix solo con actores hombres y con un equipo creativo totalmente caucásico. Al final, Netflix le paga a dos practicantes mujeres, le encarga la publicidad de la película a dos ejecutivos gay y todos están listos para llevarse el Óscar.

Tengo otro problema con los lineamientos. Cuando una producción esté contratando gente, ¿les va a preguntar sobre su orientación sexual? ¿Hasta qué punto una persona es latina? ¿Un mexicoamericano de primera generación que solo habla inglés y que no conoce México es más latino que uno de tercera generación que habla español y que viaja hacia acá cada año?

Además, existe un riesgo que advirtió primero el periodista de Vulture, Mark Harris. ¿Las producciones pequeñas podrán solventar los estándares? ¿Llenarán correctamente el papeleo? Disney, con toda su maquinaria, no tiene mucho de qué preocuparse.

La Academia de Hollywood está pisando arenas movedizas. Es sano que haga recomendaciones, pero que regule la diversidad es excesivo y ridículo.

LA PALOMITA: La Cámara de Diputados está discutiendo el presupuesto para el cine mexicano en el 2021. Se espera un recorte del 18%. ¿Y si se produjera un documental sobre Dos Bocas? Quizás otro gallo cantaría.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

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POB/JCSD