PELÍCULA: L.A. Confidential y los artistas del desnudo

PEDRO-SOLA-columnas-headers-poblanerias

A mi tío ‘el Güero’, Eduardo Castillo.

Hay toda una categoría de artistas: Los que le apuestan al desnudo. Artistas que repasan sus experiencias y se muestran sin tapujos ante su público. Personas que revelan lo más oscuro de su alma, lo trastocan y lo comunican para que otros puedan vibrar y pensar sobre su propia vida. Vaya visión tan romántica del arte en la que vida y obra se funden.

Sin embargo, esta unión de experiencia y creación es muchas veces la clave que permite que una obra mueva las entrañas. Este sentido de lo auténtico, de lo que el artista conoce bien, hace la diferencia a la hora de contar historias. Es el caso de James Ellroy y su novela L.A. Confidential, publicada en 1990 y llevada al cine con maestría siete años más tarde.

La película gira en torno a tres policías de Los Ángeles: Ed Exley (Guy Pearce), hombre de honor que quiere transformar el sistema; Bud White (Russell Crowe), el mastodonte que resuelve sus casos con violencia y Jack Vincennes (Kevin Spacey), el carismático que filtra información a la prensa a cambio de dinero.

En la década de los cincuenta, el trío investiga una serie de asesinatos y descubre toda una red de corrupción, que envuelve a políticos, empresarios, matones y prostitutas. A este último grupo pertenece Lynn Bracken (Kim Basinger, en un papel merecedor del Óscar), puente entre los policías y el mundo de la mafia, como buen arquetipo de la mujer fatal.

Los protagonistas tienen motivaciones claras para actuar de una u otra manera. El pasado de los personajes los hace verosímiles y al espectador le importa –y mucho– lo que pase con ellos. Es una cualidad del relato de Ellroy; una virtud de su desnudez.

Aquí es donde se fusionan realidad y ficción. El policía Bud White se dedica a proteger mujeres maltratadas, rasgo que lo humaniza, a pesar de sus arranques de furia. En una escena, cuenta que vio cómo su padre asesinaba a su madre cuando él era un adolescente.

Por otro lado, a la mamá alcohólica de James Ellroy la asesinó un hombre en un suburbio de Los Ángeles en 1958. El escritor conoce su material y hace un retrato de Hollywood distinto al de la leyenda. Un Hollywood impregnado de sangre, abuso sexual y adicciones que resuena con los tiempos que corren.

La puesta en escena del director Curtis Hanson está llena de referencias, las cuales contribuyen a la historia sin quitar el foco de la acción. En varias ocasiones vemos la marquesina de un cine que exhibe The Bad and the Beautiful, cinta sobre el despiadado show business protagonizada por Lana Turner.

La actriz es un personaje en L.A. Confidential, amante de un guardaespaldas que trabajó a las órdenes del gángster Mickey Cohen. Esto se ve en pantalla y forma parte de los hechos verídicos que constituyen la columna vertebral de la película.

Otro detalle interesante: Si bien L.A. Confidential es un homenaje al cine negro, Hanson rompe con algunas convenciones del género. La primera es que el film noir se caracteriza por sus escenas de noche, que destacan por la luz artificial y el uso del blanco y negro. Aquí hay muchas escenas diurnas y son escasas las sombras.

La segunda convención es que el héroe en el cine negro siente una fuerte atracción hacia una mujer que lo conduce al abismo. El deseo sexual condena al hombre e impide los finales felices. En esta cinta, la prostituta se reivindica y abre la puerta hacia una ciudad de Los Ángeles que, solo en la superficie, es mejor que antes.

L.A. Confidential está disponible en Amazon Prime Video.

LA PALOMITA:

La Academia hollywoodense impondrá cuotas de representación. Sobre este tema, querido lector, la próxima columna.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

--
POB/LFJ