Cada año, en el mundo, cerca de 800 mil personas se suicidan, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) que define al suicidio como “toda acción por la que un individuo se causa a sí mismo un daño que le lleva a la muerte”.

En México, el último dato disponible del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) –que corresponde a 2018– señala que ocurrieron 6 mil 808 casos; la tasa más alta de conducta suicida se registra en hombres de 20 a 24 años. Además, por cada diez suicidios registrados, ocho son hombres y dos mujeres.

La Confederación de Salud Mental de España estima que 90% de los actos suicidas se relacionan con algún trastorno mental como: depresión, bipolaridad, esquizofrenia, ansiedad o trastornos de personalidad.

Señala que la conducta suicida –en cierta medida– se puede predecir, ya que se asocia a ciertos factores que aumentan la probabilidad de tener ideas y conductas suicidas. Algunos de estos son:

  • Sociodemográficos: influye el sexo, la edad, origen étnico, estado civil y situación laboral.
  • Ambientales: antecedentes familiares, estrés, conductas suicidas previas y la disponibilidad de medios para cometer suicidio.
  • Clínicos: existencia de enfermedades o trastornos mentales.

Prevención

En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la OMS considera que las acciones para evitar este tipo de actos no solo deben enfocarse en individuos o su entorno familiar, sino en el apoyo comunitario y en políticas públicas emprendidas por los gobiernos.

Entre las creencias del suicidio está que si la persona ha decidido terminar con su vida nada la podrá detener. Sin embargo, en el libro “Prevención del suicidio: un imperativo global” se demuestra que la intervención oportuna es efectiva para prevenirlo.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) enumera algunos mitos sobre el suicidio:

“Quien se quiere matar no lo dice”.

Esta creencia conduce a no prestar atención a las personas con ideas suicidas; se estima que de diez personas que se suicidan, nueve de ellas expresaron sus propósitos.

“Quien lo dice no lo hace”

Minimiza las conductas y amenazas suicidas.

“El suicido no puede prevenirse porque ocurre por impulso”

Esta frase limita las acciones preventivas. Toda persona con ideas suicidas evidencia síntomas, planea su muerte, incluso, puede emitir mensajes de despedida o escribir notas suicidas.

“Hablar de suicidio incita a cometerlo”

Está demostrado que hablar sobre el suicidio reduce el peligro de cometerlo. El sentirse acompañado y apoyado permitirá enfrentar de forma distinta las cosas.

“Quien intenta el suicidio es un valiente”

Los que intentan el suicidio no son valientes ni cobardes, son personas que sufren. Equiparar sus acciones con valor entorpece su prevención.

La Confederación de Salud Mental de España menciona que existen indicios que alertan sobre ideas o conductas suicidas. Estas señales pueden darse en la vida cotidiana con frases o actos como:

  1. Hablar abiertamente de querer suicidarse.
  2. Comunicar sentimientos de soledad y aislamiento.
  3. Expresa frases como “no seré un problema por mucho tiempo”.
  4. Tiene dificultades para comer o dormir.
  5. Se aleja de sus amigos o familiares.
  6. Pierde el interés en su apariencia personal.
  7. Tiene ideas de cómo quitarse la vida.
  8. Empeora un posible estado de depresión.
  9. Regala posesiones más preciadas.
  10. Expresa sentimientos de impotencia, aburrimiento, inutilidad, fracaso, pérdida de autoestima o desesperanza.

Pandemia y salud mental

La OMS reconoció al suicidio como una prioridad de salud pública. En su primer informe sobre el suicidio, publicado en 2014, estableció como meta mundial la reducción de tasas nacionales de suicidios en un 10% para 2020.

Lee también: Cómo estudiar y tratar la crisis mental en los niños debido a COVID-19

Sin embargo, en marzo de este año el brote por el coronavirus SARS-COv2 fue declarado como una pandemia y las acciones para contenerlo están generando estrés en la población.

La crisis sanitaria aunada a la incertidumbre económica y social, así como la sobreexposición de información, provocan estragos como insomnio y depresión.

Un artículo publicado en Sucursal Fauces advierte sobre el efecto causado por la desinformación (llamadas fake news) que infunden temor y pánico en la mente de las personas. El estrés, angustia y ansiedad pueden encaminarse a una depresión, identificada como la afección psiquiátrica más común asociada con el suicidio.

Lee también: Estas líneas ofrecen ayuda psicológica durante la cuarentena

Durante la emergencia sanitaria por COVID-19, en Puebla se han registrado 20 suicidios, prácticamente uno cada tercer día, de acuerdo al conteo hemerográfico realizado por el Instituto para la Gestión, Administración y Vinculación Municipal (IGAVIM).

Enrique Zambrano Ramos, especialista en salud mental, considera que aunque existen manuales sobre la prevención del suicidio, ninguno puede jactarse de ser eficiente e infalible.

En su opinión, algunos orientan sobre la prevención y pueden ayudar a descentrar la idea de muerte.

Por ejemplo, la Confederación de Salud Mental de España señala que, si se tienen pensamientos suicidas, es importante reconocer que:

  • La persona no está sola. Busque ayuda con familiares, amigos o terapeutas. No mantenga en secreto los pensamientos suicidas.
  • Las ideas suicidas están relacionadas con problemas que pueden resolverse. Si no se le ocurren soluciones, no significa que no haya alguna.
  • Crisis de suicidio pueden ser pasajeras.

Si algún familiar o amigo está en riesgo:

  • Valora la situación seriamente y expresa tu preocupación
  • Acepta sus sentimientos, no los juzgues. No cuestiones si el suicidio es correcto o no.
  • No desafíes a la persona a que lo haga.
  • Involucra a otras personas significativas que puedan contribuir a superar la situación.

 

 

 

--
POB/LFJ