PELÍCULA: The Post, el mago Spielberg y su acto periodístico

The Post toca varios temas complejos y el gran mérito de Spielberg es que todos cobran vida sin forzar al espectador.

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Steven Spielberg es el rey Midas de Hollywood y lo ha sido a lo largo de más de cuarenta años: Todo lo que toca se convierte en oro, salvo contadas excepciones. El estadounidense combina como nadie la genialidad narrativa con el instinto comercial. La saga de Indiana Jones, ET el extraterrestre y Parque Jurásico son ejemplos perfectos de esta mezcla tan especial.

Una mezcla a la que se suman los aplausos de la crítica y el gremio cinematográfico. Éxito rotundo. Spielberg puede presumir una filmografía de 32 títulos como director, de los cuales 11 han ganado en conjunto 32 Premios Óscar. Esto sin contar decenas de nominaciones que no terminaron en la estatuilla dorada más codiciada de la industria.

Con números tan contundentes, uno podría pensar que este mago contemporáneo es una máquina automatizada, con todas las variables bajo control. Nada más lejos de la realidad. Incluso para los creadores más veteranos, el cine es muchas veces una serie de accidentes afortunados.

Una cadena de accidentes suscitó la filmación de The Post: Los oscuros secretos del Pentágono, película protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks, uno de los consentidos del director. Desenrosquemos la cadena: Spielberg estaba trabajando en la edición de Ready Player One y tenía un proyecto en Italia. De repente, dos ejecutivas lo contactaron para que leyera el guión de una escritora joven y desconocida, Liz Hannah.

A Spielberg le fascinó la historia y decidió abandonar todo para trasladarla a la pantalla. Una historia que se centra en dos líneas narrativas que se van uniendo, escena tras escena. La primera línea sigue a Ben Bradlee (Hanks), quien como editor en jefe del Washington Post, pone a sus mejores reporteros a perseguir unos documentos ultra secretos que hablan del fracaso de Estados Unidos en Vietnam.

La segunda línea coloca el foco en Katharine Graham (Streep), dueña del emblemático periódico. Lo curioso es que el diario no era emblemático en 1971. Graham se debate entre publicar los Papeles del Pentágono y poner en riesgo la solvencia financiera del Post, o no publicarlos y mantener al periódico en las ligas menores, sin mucha relevancia fuera de la capital estadounidense.

The Post toca varios temas complejos y el gran mérito de Spielberg es que todos cobran vida sin forzar al espectador. Como un mago, el cineasta realiza trucos para entretener a la audiencia al tiempo que juega con una baraja complicada.

Está el tema de la política como un ámbito oscuro, podrido y poco amigable (al fin y al cabo los tiempos de Donald Trump se parecen a los de Richard Nixon). Una escena muestra al reportero Ben Bagdikian (un extraordinario Bob Odenkirk) platicando con el hombre que le entregará los papeles comprometedores para el gobierno. La proyección de sombras alargadas en la pared crea una atmósfera y habla de este mundo negro, invadido por las mentiras.

En otra escena, Katharine habla con su amigo y exsecretario de Defensa, Robert McNamara (Bruce Greenwood). La editora le recrimina al político su hipocresía y su falta de valor para dar por terminada la guerra. Para reforzar la idea de la política como un mundo hostil, Spielberg acomoda la cámara desde la cabeza de McNamara –arriba– hacia Katharine –abajo– logrando una sensación de amenaza. Maravillosa toma en picada.

El feminismo también recorre las venas de The Post. El personaje de Meryl Streep se presenta como una mujer indecisa, que se siente incómoda en un mundo controlado por hombres. Al final, el personaje se despide como una mujer que toma decisiones, satisfecha con su trabajo.

El director muestra este cambio al espectador. En los últimos momentos del filme, la cámara sigue a Katharine, rodeada por mujeres que la admiran e iluminada exageradamente. Spielberg no se resiste al heroísmo; como es su costumbre, lo celebra.

The Post estará disponible en Netflix a partir del 8 de septiembre.

LA PALOMITA: Muy destacable la fotografía de Janusz Kaminski y el diseño de producción de Rick Carter. Todo un viaje a los setenta.  

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POB/KPM