OPINIÓN | China y Estados Unidos: una tensión que preocupa

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Actualmente, China y Estados Unidos sostienen una guerra comercial que se enfoca en la lucha del liderato en el avance tecnológico; no obstante, esto también afecta el desarrollo del comercio global.

Esta guerra comercial inició hace dos años y se agravó justo cuando el presidente Donald Trump hizo énfasis en el déficit comercial que tiene Estados Unidos con China.

A lo largo del tiempo, China ha construido una gran capacidad de producción en diferentes rubros como es la moda, la construcción, pero sobre todo en la tecnología. A esto se le suma la fuerza laboral más grande del mundo y con una economía creciente a pesar de la crisis sanitaria.

Con estos factores, el gobierno de Estados Unidos ha tomado medidas para reducir la posibilidad de perder el liderazgo en esta carrera tecnológica.

El gobierno de Trump inició una estrategia basada en el veto a la compañía Huawei, alegando que sus productos servían como aparatos de espionaje y ser un riesgo para la integridad de la conexión 5G.

Por otra parte, iniciaron acciones con el objetivo de prohibir dos de las aplicaciones chinas más importantes y populares en los Estados Unidos, estas son: TikTok y WeChat. Estas medidas se toman –según Trump– para “proteger la seguridad nacional” de su país.

Por si fuera poco, el gobierno estadounidense ha prohibido cualquier tipo de acuerdo con empresas chinas. Estas medidas han afectado a empresas como Google, que tenía alianzas con empresas chinas para fabricar chips de celulares.

Xi Jinping, presidente de China, ha mencionado que cuenta con una lista negra de empresas de origen estadounidense con la finalidad de prohibir su ingreso y evitar esas inversiones.

Además, la empresa Huawei obtuvo del gobierno chino un protocolo de entendimiento con el propósito de ubicar al país como líder tecnológico para el año 2025. Este acuerdo estipula un control de entrada de tecnología extranjera a China, obligando a las empresas compartir información al gobierno asiático.

Hace unos días, durante la conmemoración de los 40 años del funcionamiento de la zona económica especial de Shenzhen, el mandatario chino mencionó al cuerpo de marines poner “toda su mente y su energía en la preparación para la guerra”. Esto nos habla de la gran tensión que viven estos dos países.

El conflicto comercial suele compararse con la guerra fría, debido a sus similitudes respecto al tamaño económico de los dos países, los avances tecnológicos y las disputas dentro de las plataformas internacionales.

Esta comparación no es del todo acertada puesto que, en aquel mundo bipolar, el poder solo dependía de dos países y en este altercado comercial, estamos sujetos a la globalización que ha hecho una repartición del poder a un mayor número de actores.

Esta interconexión ha beneficiado el equilibrio internacional, aumentando la negociación y la influencia de los diferentes actores. A pesar de ello, esta interrelación ha vuelto más sensibles a los países al entono global.

Una pugna comercial entre las dos grandes potencias no le beneficia a nadie, esta lucha afecta a la economía y las relaciones políticas entre los Estados. Solo está aumentando la desaceleración económica mundial y afectando la unión de esfuerzos en las reconstrucciones económicas.

El mundo necesita en tiempos coyunturales de grandes lazos, detonando un ambiente favorable al comercio, libre de aranceles y represalias económicas. Coadyuvando en la incorporación de buenas prácticas para reducir los contagios y en conjunto de gobiernos responsables.

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