PELÍCULA: Tenet, la rara avis del 2020

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Christopher Nolan ha dirigido once largometrajes desde que estrenó su ópera prima, Following, en 1998. El británico invirtió 6 mil dólares en esa primera película. Con dos décadas de distancia, el presupuesto para su más reciente trabajo, Tenet, ascendió a 205 millones de dólares.

¿Cómo explicar el éxito de Nolan? Me parece que hay dos claves en este misterio. La primera es que se trata de un realizador con sensibilidad comercial; su cine está lleno de secuencias de acción con un ritmo narrativo muy bien ejecutado. Así, el espectador siente una fuerza que lo atrae como imán hacia su butaca, sin quererse perder un minuto de lo que sucede en pantalla.

La segunda clave es la visión autoral de Nolan. En estos tiempos donde las producciones recurren a infinidad de efectos visuales, el británico se enorgullece de filmar sus películas en celuloide, a diferencia de grabar archivos digitales. Además, hay temas y preocupaciones que aparecen una y otra vez en su filmografía.

El estreno de Tenet es todo un acontecimiento por el renombre de Nolan, pero más aún por el tortuoso camino que recorrió la cinta en este año pandémico. El 2020 prometía los estrenos de costosísimos títulos como Mulán, Mujer Maravilla 1984 y la última entrega en la saga de James Bond, Sin tiempo para morir. Las premieres han sido pospuestas o, en el caso de Mulán, trasladadas al mundo del streaming.

Tenet es una excepción notoria gracias a la terquedad de Nolan; terquedad con tintes de irresponsabilidad y pedantería según algunos críticos. Sin embargo, la experiencia colectiva de ir al cine es vital para el director –incluso con el coronavirus rondando– y sus esfuerzos están todos alineados hacia la gran pantalla habiendo filmado Tenet en formato IMAX de 70 milímetros.

La sala oscura, espacio de consideraciones estéticas y económicas, es imposible de replicar en el cuarto de tele, al menos para el londinense. Y vaya que Tenet vale la entrada a una sala de cine. La historia sigue a un agente secreto (John David Washington) que intentará detener el fin de la humanidad, orquestado por el oligarca ruso Andrei Sator (Kenneth Branagh).

A Sator, un agresivo traficante de armas, no le importa condenar a muerte a su propio hijo con tal de salirse con la suya, trabajando para destruir el mundo conocido. ¿Por qué? Porque la vida en la Tierra ya no es promisoria; el calor es sofocante y la escasez de agua, apremiante. Para lograr su cometido, Sator viaja entre el presente y el futuro con unos pocos aliados.

Por su parte, el protagonista se alía con la esposa del villano, Kat (Elizabeth Debicki) quien vive atrapada en un círculo de violencia. Los vaivenes en el tiempo –centrales para Nolan– le dan un dinamismo formidable a Tenet y alteran el mundo físico del filme, con objetos moviéndose en la dirección opuesta a la esperada.

Esta inversión del movimiento, dice una científica al inicio de la cinta, no debemos entenderla sino experimentarla. Tenet es justamente eso; un conjunto de sensaciones de vértigo que mantienen al espectador en el filo de la butaca. Las explicaciones racionales y la identificación con los personajes pasan a un segundo plano, siendo el que domina el de un acelerado escape por la supervivencia.

Es muy destacable la actuación de Elizabeth Debicki. Sus movimientos rígidos y su mirada fría trazan a una mujer maltratada. El abuso la vuelve vulnerable y este es un atributo que transmite a la perfección, como lo hizo en un rol similar de la serie The Night Manager. Debicki es una estatua que, si se toca, se quiebra.

Tenet está en cartelera. Querido lector, de ser posible, véala en IMAX.

LA PALOMITA: El sitio web IMDB cuenta con un ranking de las mejores 250 películas de acuerdo con puntuaciones de los usuarios. Siete cintas de Nolan logran el corte hasta la fecha, un récord impresionante que habla del vínculo entre director y público.

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