OPINIÓN: Captura del Capitolio y cambios profundos

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El pasado miércoles fuimos testigos de una escena lamentable para la democracia de Estados Unidos. Sin duda, esto fue un golpe duro para la democracia liberal, los procesos democráticos y la legitimidad.

A pesar de ello, este fenómeno no fue algo que sorprendiera con indicios de desacreditaciones de las instituciones, falta de compromiso con la democracia y medidas autoritarias.

Donald Trump dio un discurso remarcando la falta de transparencia en las elecciones del pasado 3 de noviembre sin evidencia; dando como resultado, que algunos simpatizantes extremistas tomaran el Capitolio.

Tardándose dos horas en fijar una posición pacífica, esto ya era notificado por las embajadas en Estados Unidos del mundo y reportado por los medios de comunicación. Esta crisis política no se había visto desde la Guerra Civil de 1861.

Sin embargo, uno de los pocos hechos destacados fue la unión que se veía dentro del Congreso entre legisladores de los partidos adversarios regresando a terminar la sesión que ratificó los votos del Colegio Electoral y anunciar la victoria de Joe Biden como próximo presidente.

No obstante, durante la primera reunión de certificación quedó claro que más de 100 miembros de la Cámara de Representantes y alrededor de 12 senadores apelaban que la elección fue fraudulenta. Dos senadores destacados fueron Ted Cruz y Josh Hawley, aspirantes a las elecciones para 2024.

Debemos tomar en cuenta la figura del senador Ted Cruz, quien aspira a ser el nuevo líder antiestablishment y heredar a los seguidores del presidente saliente. Empero, el senador no cuenta con el atractivo popular y seguirá apoyando el guión de Trump hasta seducir su base.

Por otro lado, se desligaron de la figura de Trump: el vicepresidente Mike Pence, el líder del Senado Mitch McConnell y el senador de Carolina del Sur Lindsey Graham, quienes figuraban como los aliados republicanos más fuertes del presidente estadounidense.

Esto nos puede dar un indicio del porvenir; por un lado, un costoso precio político que pagaría Trump al dejar de ser el líder y la figura que fije la identidad del partido. Esto abriría la puerta al surgimiento de nuevos líderes con una propuesta menos radical y sepultando el trumpismo.

Un posible perfil es Mitt Romney, excandidato a la presidencia en 2012 y ahora senador de Utah. Ha sido el único republicano que se ha desmarcado de la sombra de Trump y quien a principios de 2020 había votado a favor del impeachment (proceso de destitución).

Por otra parte, de esta escisión podría surgir un ala dentro de los republicanos que esté fuertemente alineada a los intereses de Trump. Esto causaría una ruptura y un debilitamiento del Partido Republicano.

Este cisma se fundamenta en los 74 millones de votos logrados por el presidente republicano, esta cifra es el récord histórico de un candidato republicano en elecciones presidenciales. Esto se suma a que el electorado de Trump es bastante fiel, incluso cuando no contaba con una popularidad alta.

Es claro que el Partido Republicano vive tiempos críticos, con múltiples formas que dinamiten su futuro y que termine en una división marcada entre ellos. Pese a esto, podría decantar la balanza a favor de la administración Biden facilitando coaliciones con legisladores republicanos.

Contando con estas nuevas alianzas, el presidente electo facilitaría la suma de los 60 votos necesarios para la legislación en el Senado y lograr pasar su propuesta de miembros del gabinete. Esto es de suma importancia ya que contará con los elementos que marquen la diferencia de su periodo.

Concluyendo, sin duda el acto presenciado en el Capitolio nos recuerda la fragilidad de la democracia y su dependencia en las buenas voluntades. Pero esto nos dará aún mucho de qué hablar y de observar su resultado con el futuro del Partido Republicano y si el trumpismo va más allá de Trump.

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