PELÍCULA | Cary Grant se convierte en estrella: Terrible Verdad

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El sonido llegó al cine en 1927 con el estreno de El cantante de jazz. Poco a poco, los estudios y las salas de proyección hicieron ajustes para la transición de producciones mudas a sonoras. En México, la primera película con sonido fue Santa, de 1932.

En esa frecuente intersección entre arte y tecnología, la manera de hacer cine cambió para siempre. La comedia, por ejemplo, se volvió menos física y los diálogos permitieron el desarrollo de historias con más capas y no solo dependientes de un par de anécdotas pícaras.

Leo McCarey venía del cine mudo y tenía una sensibilidad especial para la comedia. Fue él quien juntó por primera vez a Stan Laurel y Oliver Hardy en la gran pantalla, el famoso dúo de El Gordo y el Flaco. Para 1937, cuando Columbia le encarga filmar Terrible Verdad, McCarey contaba con la experiencia perfecta para la cinta.

Terrible Verdad combina lo mejor de ambos mundos; el del humor físico con el de las ondas de sonido, el de los diálogos chispeantes con el de secuencias rítmicas hilarantes. La historia sigue a la pareja de casados formada por Jerry y Lucy Warriner (Cary Grant e Irene Dunne) en un momento en el que ambos sospechan del otro.

Acosados por la sombra de la infidelidad deciden divorciarse, pero el juez los obliga a seguirse viendo cuando dicta que Jerry tendrá derecho a visitar al perro que tienen en común, Mr. Smith (un carismático canino llamado Skippy).

Los encuentros entre Jerry y Lucy son perfectos para el enredo. Los dos buscan el amor sustituto, mientras su deseo verdadero es volver a las mieles del matrimonio. Aquí vale la pena destacar el trabajo de los actores protagonistas.

Cary Grant era conocido en aquel entonces, pero no era una estrella. No era el hombre carismático que, en su mirada y sonrisa, revolvía lo mundano con lo sofisticado. No era el galán que podía conquistar corazones con un aire de liviandad al tiempo que ocultaba una personalidad vulnerable. Al fin y al cabo, tenía cinco años en la industria del cine.

Esta película, Terrible Verdad, sentó las bases de su cariz cinematográfico. La crítica Molly Haskell, en su ensayo para The Criterion Collection, anota que “fue el propio McCarey –gallardo, de pelo negro, habla rápida y dado a las bromas pesadas– quien aportó ciertos gestos que vemos como inherentes a Grant”. El director liberó el carisma de su hombre protagónico.

McCarey favorecía la improvisación e intentaba cosas que se le iban ocurriendo en el transcurso del rodaje. Esta falta de reverencia al guión provocó que Grant quisiera abandonar el film, pero se acostumbró e hizo las paces con el cineasta (trabajaron juntos en dos películas posteriores). El Cary Grant seguro de sí mismo, relajado y ocurrente brilla, con toda su potencia, gracias a la visión del director.

Por otro lado, Irene Dunne logra la interpretación perfecta de una joven traviesa, que no tiene miedo a jugar con sus enamorados. Su energía es clave en las secuencias más divertidas de Terrible Verdad, energía que no cae en la exageración grotesca.

Lucy canta “Home on the Range” junto a su nuevo prospecto originario de Oklahoma, Daniel Leeson (un estupendo Ralph Bellamy). Ella al piano, tiene control vocal. Él canta como si estuviera en la regadera. Las expresiones faciales y los agudos de Dunne consagran esta escena como un acto cómico de altura.

Lo mismo sucede con la secuencia del sombrero oculto. Aquí, Lucy hace malabares para que los hombres de su vida no crucen caminos y otra vez Dunne se apropia de la pantalla. Al final, Terrible Verdad es el cruce afortunado de un director con dos estrellas. Una apuesta ganadora por el talento.

La película está disponible para renta en YouTube y iTunes.

LA PALOMITA: El citado ensayo de Molly Haskell está disponible en línea. La traducción de la frase es mía y persigue más el sentido que la literalidad.

     

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POB/LFJ