OPINIÓN: Nos toca ser resilientes

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En 2012 tuve la oportunidad de platicar con Anthony Feinstein, uno de los siquiatras más reconocidos en el mundo, especialmente por sus investigaciones sobre el llamado síndrome de estrés post traumático.

En aquella charla en el lobby de un lujoso hotel de la Ciudad de México, Feinstein, un tipo por demás agradable y de buena charla, me explicó a mi y a mi colega Heriberto Rodríguez, el impacto que tiene la cobertura de conflictos armados en la salud emocional y mental de militares combatientes y de periodistas.

Estar en una guerra portando un arma o haciendo una cobertura periodística deja secuelas muy profundas en la vida de las personas. Si esos traumas no son tratados a tiempo por especialistas, entonces esas huellas afectarán casi de manera irremediable nuestra salud mental y claro, tienen un impacto en las personas que nos rodean.

Sufrir estrés post traumático es más común de lo que pensamos.

Vivir violencia intrafamiliar genera estrés post traumático, lo mismo que presenciar un accidente o un hecho violento o ser víctima de un delito o haber vivido un terremoto, un deslave o una inundación.

Intentar continuar con nuestras vidas sin la ayuda de profesionales sólo hará más profundo el daño emocional que puede terminar en adicciones, intentos de suicidio, separaciones familiares o al menos una larga depresión.

Hoy el mundo enfrenta una emergencia sanitaria como nunca antes habíamos vivido en décadas.

La incertidumbre y el miedo al contagio, a perder la salud, la vida, a alguien amado; quedarnos sin empleo y dinero se suman al encierro prolongado y la falta de contacto con otras personas.

Todo esto nos está dejando un síndrome de estrés post traumático a todas las personas, en diferentes niveles y no todas tienen o tenemos las mismas capacidades para enfrentar esta condición emocional.

Ya la Organización Mundial de la Salud ha alertado a los gobiernos del mundo a poner atención a estas secuelas psico-emocionales que nos está dejando la pandemia por COVID-19 desde hace casi un año.

La propia Secretaría de Salud del gobierno federal está trabajando en una estrategia integral para atender el daño emocional que deja esta pandemia.

Pero falta que las empresas hagan lo suyo. No sólo están molestas porque no pueden trabajar; siguen optando por despedir personas, por reducirles el salario, por obligarlas a presentarse a su lugar de trabajo, sin importarles que esto abona a estadios emocionales adversos.

Y nos falta ser resilientes. Durante décadas nos han vendido la idea de que el pueblo mexicano es capaz de renacer de entre las cenizas y nos ponen como ejemplos los terremotos de 1985 y de 2017; pero esta pandemia ha cobrado muchas más vidas de las que hubiésemos querido y recuperarnos en salud, social y económicamente será tardado, lo mismo que nuestra recuperación emocional como personas, como familias, como comunidad.

Pero nos toca ser resilientes, hoy más que nunca.

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Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.

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POB/LFJ