OPINIÓN: Puebla en guerras intestinas

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Vivimos tiempos de polarización absoluta en Puebla, donde el desgaste afecta a marcas políticas y a personajes que sin haber iniciado la contienda electoral, acumulan negativos fortaleciendo la desafección política en tiempos de pandemia.

A unos días de iniciar los comicios intermedios que serán los más atípicos que hemos vivido por la situación sanitaria que enfrentamos, podemos vaticinar que las impugnaciones y denuncias de violencia política concentrarán las decisiones no en las urnas, sino en las impugnaciones y resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Los enfrentamientos que hoy vemos en los partidos políticos, principalmente en el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y en el Partido Acción Nacional reflejan la falta de trasparencia y aseo político.

Pero lo gravedad se centra en su falta de democracia interna donde por ejemplo, los morenistas determinaron candidaturas en lo oscurito y sin necesidad de revelar la metodología de sus dichosas encuestas.

En tanto en el PAN, la dirigencia estatal se valió del dañino dedazo a cargo de Genoveva Huerta y su camarilla de cómplices.

El resto de los partidos en Puebla está envuelto en pequeñas batallas de membrete donde se cuentan violentadores, simuladoras de activismo feminista, hampones del ámbito empresarial, dinosaurios del priismo duro y hasta pedófilos.

La paradoja de la política local de nuestros días es que el próximo proceso electoral en Puebla no será una guerra entre Morena y PAN, no claro que no. Será una descarnada batalla entre las estructuras internas donde irán morenistas contra morenistas y panistas contra panistas.

Las oposiciones quedaron desdibujadas para otro momento, pues la falta de unidad partidista empuja las vendettas entre correligionarios quienes harán todo lo que esté en sus manos para vencer al de casa y no al de enfrente.

El fenómeno de la polarización política y social marca a una Comunicación Política en tiempos de pandemia, donde se conjugan elementos que van ligados a las acciones gubernamentales, salud, pobreza y el derecho a elegir a quiénes deberán contender en elecciones atípicas y únicas.

En países de América Latina como México, esta polarización es resultado de una guerra interna fraguada en la partidocracia y desafección política que golpea a grandes sociedades como la mexicana. Varios elementos marcan a México en la polarización de estos tiempos: Un gobierno con falta de contrapesos sociales, discursos políticos fuera de la realidad, políticas públicas poco incluyentes, corrupción, violencia de género y feminicidios.

Esta confrontación entre gobiernos y grupos de la sociedad civil da como resultado una constante descalificación tanto de las acciones gubernamentales como de una debilitada y aislada oposición que poco puede hacer frente a tanta desinformación.

México como otros países de América Latina asume los costos de una mala gestión de crisis frente a una pandemia que ha dejado miles de muertes.

En la víspera de un proceso electoral intermedio, la sociedad mexicana refleja enojo, desconfianza y poco interés de acudir a las urnas para elegir a quienes ejercerán cargos de elección popular.

Los enfrentamientos sociales y políticos en tiempos de una crisis sanitaria se han convertido en grandes detonadores de fallas que evidencian las acciones erráticas de quienes hoy ejercen gobernanza.

Tan solo en el último año, las sociedades de América Latina se han encargado de desplomar la popularidad de gobernantes y partidos políticos.

En ellas, una palabra define la polarización en tiempos de pandemia, y ésta es: Decepción.

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POB/RPC