CINE | Madre de todos nosotros: Ida Lupino

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Corren los años treinta. En Inglaterra, una joven con garbo trabaja en el teatro bajo el manto de su padre, un reconocido actor de musicales. De madre actriz, esta debutante hereda la sangre bohemia por partida doble.

Un buen día, la madre se dirige a un casting acompañada por su hija. ¿El papel anhelado? Una sensual protagonista obsesionada con un novelista. El director de la cinta, Allan Dwan, buscaba un rostro bello y novedoso. Los ojos de Dwan pasaron de la mamá a la hija, de la señora madura a la adolescente de 14 años.

Ida Lupino tenía una oferta de trabajo sobre la mesa y le sacó provecho. Hizo algunas películas en Inglaterra antes de desembarcar en Hollywood, primero contratada por Paramount y después por Warner Brothers, estudio que la consagró a la fama en los cuarenta.

Lupino actuó junto a luminarias como Humphrey Bogart y Olivia de Havilland. Tenía un contrato lucrativo con Warner Bros. En aquella época, los estudios de Hollywood garantizaban un sueldo fijo a las estrellas y, a cambio, estas debían aparecer en todo proyecto que decidieran los ejecutivos.

Vaya, poca libertad creativa para una actriz con ambición. Entonces, Lupino empezó a rechazar papeles, enfureciendo a los hombres de negocios que la suspendían tras cada acto de rebeldía.

Llegó el momento de la renovación de contrato y Lupino optó por su independencia. Casada en segundas nupcias con el escritor Collier Young, juntos fundaron una pequeña productora a la que llamaron “The Filmakers” –los cineastas, con un pequeño e intencional error ortográfico–.

Aquí viene la pausa de rigor. Tenemos a una mujer que abandona su mundo conocido para ganar el poder creativo de contar historias personales, distintas. Una mujer que huye de la persistencia de los reflectores para situarse atrás de ellos. Una decisión valiente hoy; inaudita hace siete décadas.

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En sus primeros dos esfuerzos como directora, Lupino tocó temas de actualidad alejados de la norma: el embarazo no deseado y los efectos de la poliomielitis, el COVID-19 de aquel tiempo. El trabajo de la cineasta atrajo la mirada del empresario multimillonario Howard Hughes, quien financió las siguientes cintas de la mancuerna Lupino-Young.

El soporte económico de Hughes terminó por extinguirse, haciendo de The Filmakers una aventura de corta duración. La última cinta que contó con el mecenazgo del millonario fue El autoestopista, gran combinación de road movie y film noir.

Un asesino en serie (William Talman) le hace la parada a coches en la carretera para matar a sus tripulantes. Así intercepta a dos amigos (Edmond O’Brien y Frank Lovejoy), hombres que dejan su vida cotidiana para darse una escapada de fin de semana.

Para salvar su vida, los amigos deberán conducir al asesino hasta Santa Rosalía, en México, donde podrá fugarse para siempre de la justicia. La película no se preocupa por ofrecer caracterizaciones complejas del trío protagonista, pero sí ofrece secuencias de acción efectivas.

Lupino, con mucho ingenio, filma diferentes acercamientos o close-ups para mantener el suspenso sin gastar mucho dinero. Al inicio, la cámara enfoca la placa de un auto, los zapatos del psicópata, el bolso de una víctima. La directora logra cautivar al espectador con recursos mínimos.

Ese recurso limitado –económico en principio, estilístico como consecuencia– es clave para entender la obra de una gigante hasta cierto punto relegada del canon. Otra característica de la cinta es el uso de transiciones; las imágenes se funden de una escena a otra, se trastocan porque Lupino no echa mano de escenas de relleno. Ritmo agilísimo.

En su silla de directora, la británica nacionalizada estadounidense tenía la leyenda “Madre de todos nosotros”. Qué frase tan adecuada para una pionera, una mujer adelantada a su tiempo. Ahora que dos mujeres están nominadas como directoras al Óscar, pueden alzar la vista y maravillarse con la figura maternal de Ida Lupino.

El autoestopista está disponible en YouTube y Eyelet.

LA PALOMITA: El agente topo logró la nominación al mejor documental. Tres mexicanos compiten en la categoría de mejor sonido gracias a la película El sonido del metal. Tiempo de Óscares.

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POB/LFJ