OPINIÓN: Premios en la pandemia

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La entrega número 78 de los Globos de Oro fue un fracaso. La ceremonia no tuvo momentos memorables y solo será recordada como la gala en la que todas las celebridades se conectaron por videollamada.

La transmisión televisiva fue francamente aburrida, generando dudas sobre si la próxima ceremonia de los Óscar –programada para el 25 de abril– será igual de desangelada.

Varios ejecutivos de la NBC, cadena que transmite los Globos en Estados Unidos, deben estar tronándose los dedos. Con 6.9 millones de espectadores, la ceremonia contó con una tercera parte del rating que obtuvo en 2020.

Detengámonos aquí. Una tercera parte. 6.9 millones de personas contra los 18.3 millones del año pasado. El carácter remoto de la ceremonia tiene mucho que ver con este resultado, pero la tendencia de una audiencia a la baja es evidente desde hace mucho tiempo.

Van los datos. Entre 1998 y 2004, ninguna edición de los Globos registró menos de 20 millones de espectadores. En las 16 transmisiones subsecuentes, solo tres alcanzaron la marca de los 20.

Hay un problema de falta de creatividad, de no querer hacer las cosas de una manera distinta.

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Por ejemplo, este año, todos los nominados se conectaron desde sus casas, rodeados de familia y mascotas. Algunos como Jodie Foster y Jason Sudeikis aparecieron vestidos como para ir derecho a la cama. Foster en pijama, Sudeikis con una sudadera informal.

¿Qué hizo la producción de los Globos de Oro? ¡Nada! No aprovechó la oportunidad para mostrar esta cara más humana de los famosos. Las presentadoras Tina Fey y Amy Poehler no interactuaron con las celebridades para preguntarles sobre su vida en la pandemia, sobre cómo cambia recibir honores encerrados tras una pantalla.

A la transmisión se sumaron estrellas de la talla de Glenn Close, Gary Oldman y Olivia Colman. El público solo vio sus caras, alguna expresión de sorpresa y poca cosa más. No participaron en bromas, nadie escuchó sus voces. Estrellas desaprovechadas e inmóviles.

NBC y la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood enfrentaron una coyuntura única y quizás irrepetible. Hicieron lo mínimo indispensable. ¡Oh, sorpresa! No funcionó.

La ocasión ameritaba malabares de creatividad.

Sobre los premios, lo primero que hay que decir es que no determinan el valor de una cinta.

Las premiaciones son relevantes como plataforma, para conocer títulos, para medir la temperatura de una industria multimillonaria y, claro, para divertirse.

Así, el que Nomadland haya ganado como mejor película de drama y mejor dirección (para Chloé Zhao, segunda directora con un Globo a cuestas) no es un veredicto sino una invitación. Invitación a ver esta película que hasta hoy no está disponible legalmente en México.

Chadwick Boseman, protagonista de Pantera Negra fallecido en agosto del año pasado, se llevó el galardón al mejor actor dramático por su trabajo en La madre del blues. Su esposa, Taylor Simone Ledward, aceptó el premio póstumo.

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Esta temporada tiene un aire común con la del año 2009 cuando Heath Ledger, el mejor Guasón, arrasó como actor de reparto. El reconocimiento después de la muerte está cargado de una emotividad especial.

La sorpresa de la noche fue Andra Day como mejor actriz en drama por The United States vs. Billie Holiday, película que tampoco está en servicios de streaming. Day es una cantante consolidada que triunfa en su primer protagónico para la pantalla grande.

Las dudas se irán despejando: ¿La Academia apostará por unos Oscares más atrevidos y originales? ¿Habrá coincidencias entre los premiados de una y otra gala?

LA PALOMITA: Casi ausente la sombra de Trump. Salvo referencias veladas en el discurso de Mark Ruffalo, Hollywood evitó la grilla política.

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POB/RPC