CINE: Colectiv, primera cinta rumana nominada al Óscar

PEDRO-SOLA-columnas-headers-poblanerias

30 de octubre de 2015, día fatídico en Bucarest. Un incendio arrasó la discoteca Colectiv, dejando un saldo inmediato de 27 muertos y 180 heridos. Cuatro meses después, el número de víctimas mortales se incrementó a 64 debido a una serie de negligencias médicas.

El sistema de salud rumano no estaba preparado para recibir una avalancha de quemados. Muchos de ellos murieron cuando estaban siendo trasladados al extranjero, mientras que otros terminaron infectados por bacterias circulando en los hospitales de Bucarest.

Colectiv, documental del realizador Alexander Nanau, es un trabajo polifónico. La cinta muestra en los primeros minutos un video del incendio tomado desde dentro con un celular; retrata el desconcierto inicial de la gente y la histérica estampida posterior.

Así, la película sitúa al espectador en los zapatos de las víctimas, invitándolo a sentir una desesperación infinita. El gran mérito de Nanau es que expande los horizontes de la tragedia. De esta manera, el documental es un poliedro del accidente y las caras de este poliedro son de costos personales, mediáticos y políticos.

Primero los costos personales. En la secuencia inicial de Colectiv, un hombre se levanta en medio de una asamblea para hablar de lo que pasó con su hijo. El muchacho resultó con quemaduras y el 4 de noviembre, una clínica de Austria aceptó darle tratamiento. Las autoridades en Bucarest retrasaron el traslado y, tres días después, el joven murió infestado de bacterias llegando a Viena. Muerte evitable.

Alexander Nanau, con un tema de escándalo, jamás olvida que el incendio destruyó familias, mutiló cuerpos y multiplicó tumbas. La última (magistral) secuencia del film, que no revelaré, habla de un ciclo cumplido, de la muerte como un punto de partida para los que recorren el camino de la vida.

Lee también: OPINIÓN: Premios en la pandemia

La segunda cara del poliedro es de naturaleza periodística. Catalin Tolontan es el editor del periódico deportivo más importante de Rumania. Con el apoyo de la reportera Mirela Neag, descubre una red de corrupción que explica el choque de las víctimas del Colectiv con un sistema de salud alejado de los estándares de calidad europeos.

¿Por qué dos profesionales del medio deportivo pusieron la lupa en un tema político? Nanau deja esta pregunta sin respuesta. El documentalista logra un ritmo atractivo en pantalla, dándole tiempo a cada revelación informativa. El problema es que no muestra el lado más humano de los periodistas.

Por ejemplo, en la cara política del poliedro, Nanau centra su cámara en Vlad Voiculescu, secretario de Salud federal que es la imagen viva de un ministro preparado y liberal. Vemos al funcionario en la intimidad; frustrado en su oficina, también aliviado cuando habla con su padre sobre su futuro en la esfera pública. Voiculescu, más que un político, es un hombre luchando por sus ideales.

En cambio, los periodistas son personajes unidimensionales. Investigan a los poderosos –y lo hacen muy bien–, pero poco sabemos de sus anhelos, de lo que están sintiendo y de lo que hacen fuera de la redacción. El único momento en el que Colectiv se anima a desvelar, con fuerza, la mente del periodista estrella Tolontan es uno de los más valiosos del film.

Debatiendo en televisión, un conductor le pregunta a Tolontan cuál es su objetivo al publicar los escándalos sanitarios. La réplica es de altura: “Pienso que no hay una meta final en esta profesión. Todo lo que intento es darle más conocimiento a la gente sobre los poderes que dan forma a nuestras vidas”.

Nanau denuncia la interacción oscura de esos poderes. Nos recuerda en el documental que la justicia llega, a veces a cuentagotas, con personas valientes oponiéndose a los vicios del Estado. Historia rumana de corazón universal.

LA PALOMITA: Colectiv puede llevarse el Óscar en la categoría de mejor documental y en la de mejor película internacional. Su paso por Venecia y Toronto le suman puntos.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

--
POB/JCSD