PELÍCULA: A 20 años de Deseando amar

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Al preparar un caldo, los aromas inundan la cocina y dan una pista sobre la exquisitez del platillo. El agua hierve y los ingredientes se mezclan en el ambiente. Antes de probar la primera cucharada, uno sabe que su paladar estará de fiesta.

Lo mismo pasa con algunas películas. Desde el momento de su estreno, se convierten en clásicos del séptimo arte. Hay trabajos que, con tan solo los primeros minutos de metraje, cautivan al público de una manera especial. Lo hechizan.

Es el caso de Deseando amar (mejor conocida por su título en inglés In The Mood For Love), cinta hongkonesa dirigida por Wong Kar-wai. Visualmente portentosa, sutil en su narrativa y con una banda sonora que eriza la piel, ésta es una obra maestra.

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La BBC publicó en agosto del 2016 una lista con las cien mejores películas del siglo XXI, con Deseando amar en la segunda posición. De 177 críticos convocados por el medio británico, 49 la incluyeron en su selección de la crema y nata del cine contemporáneo.

Aquí intentaré desmenuzar las razones detrás del consenso. Primero, se trata de un film profundamente humano que logra conectar con nuestras evocaciones del amor. Ver la película es como tomar el volante de un coche y manejarlo despacio, mientras la mente recuerda un amor pasado e imposible.

La historia sigue a dos vecinos; una mujer ignorada por su esposo y un hombre que, aunque intenta acercarse a su mujer, es rechazado una y otra vez. Estos vecinos se cruzan en el pasillo y visitan el mismo mercado hasta que descubren un secreto: sus parejas tienen un romance. Los engañan a escasos metros de distancia.

El dúo de engañados –un periodista llamado Chow (Tony Leung Chiu Wai) y una secretaria a la que todos se refieren como la señora Chan (Maggie Cheung)– se vuelve cercano. Entablan amistad y descubren que, con la presencia del otro, el dolor tiene tintes placenteros. Esa amistad, claro, se va transformando hasta que ambos desean ser los amantes del relato.

Wong Kar-wai presenta una versión realista del amor (de ahí el impacto tan humano de la cinta). Los vecinos se enamoran poco a poco, descubriendo afinidades, hablando, compartiendo el té. Hay miradas y un leve contacto físico que apenas se concreta por el nerviosismo.

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Como sucede con las grandes películas, el discurso visual fortalece la narrativa. El director utiliza la cámara lenta en momentos clave. Por ejemplo, cuando la señora Chan baja las escaleras hacia una especie de sótano y espera una orden de sopa de tallarines, las imágenes se extienden en tiempo como pasa con las repeticiones en los partidos de futbol.

Este movimiento lento coincide con lo que vive el personaje de la señora Chan. Lleva una vida lenta, rutinaria y es en los momentos triviales, cuando el tiempo parece estancarse, que piensa en la posibilidad del amor. Un amor que no es una flecha rápida, sino que se gesta paso a paso.

En Deseando amar, también son frecuentes las tomas de medio cuerpo enfocadas al torso o a las piernas. Muchas veces, mientras los personajes dialogan, la cámara sigue los cuerpos y no se concentra en los rostros. Este diálogo fuera de cuadro es una elección discursiva: No solo es importante lo que decimos o expresamos racionalmente; existe a su vez un mundo sensual, una esfera corpórea que siempre gira.

Paralelamente, la película funciona porque tiene un subtexto poderoso. Habla sobre el paso del tiempo, sobre el amor que queda en la memoria y que, invariablemente, se deteriora. Así, Wong Kar-wai interpreta que el Hong Kong de los años sesenta sufrió a su vez un deterioro.

En aquellos años, estallaron protestas contra el control británico del territorio. En la geografía, como en los sentimientos, las fronteras se desdibujan.

Deseando amar está disponible en MUBI hasta el sábado 17 de abril.

 

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