CINE: ¿La mejor película de Hitchcock que Hitchcock nunca hizo?

PEDRO-SOLA-columnas-headers-poblanerias

La música invade el Royal Albert Hall de Londres, uno de los auditorios más importantes del mundo. En uno de los balcones, un hombre vestido con esmoquin negro espera el choque de los címbalos para disparar y pasar desapercibido.

Apurado, James Stewart sube a los balcones para prevenir el asesinato. Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, pudo haber resuelto la secuencia con un par de tomas. Sin embargo, el director optó por alargar el tiempo y, así, el sufrimiento de los espectadores.

Toma de Stewart, toma del director de orquesta sobre el escenario, close-up de las partituras; otro acercamiento, ahora de la pistola. ¿El sonido de los címbalos apagará el disparo? Cinco minutos sin diálogo. Nerviosismo. Experiencia cinematográfica pura.

Hitchcock estaba convencido de una cosa: En el cine, la cámara es más poderosa que las palabras. Esta icónica secuencia de El hombre que sabía demasiado (1956) en el Royal Albert Hall resonó en el trabajo de otros directores.

Uno de ellos fue Stanley Donen quien, en diciembre de 1963, estrenó Charada, una cinta que se ha ganado el subtítulo de “la mejor película de Hitchcock que Hitchcock nunca hizo”. La afirmación es simplista como lo es cualquier frase prefabricada.

Va un esbozo de la trama antes de entrar en el peligroso terreno de las comparaciones. Todo inicia en las montañas cubiertas de nieve. Ahí, como turista en un resort de lujo, Regina Lampert conoce a Peter Joshua, personajes interpretados por dos leyendas, Audrey Hepburn y Cary Grant.

Te recomendamos: Corazonada, la pesadilla de Francis Ford Coppola

Ambos terminan en París, donde Lampert descubre que su marido fue asesinado y que el móvil del crimen son 250 mil dólares, de los que nadie sabe el paradero. Tres viejos amigos del marido persiguen a la viuda para dar con el botín y ella se refugia en su amigo y amor platónico Peter Joshua.

Las conexiones entre el film de Donen y la obra de Hitchcock son varias. Primero, la historia de suspenso, con personajes que siempre esconden algo. Segundo, el romance un tanto rígido entre un hombre mayor y una mujer joven. Cuando Charada llegó a las salas de cine, Grant tenía 59 años y Hepburn 34.

La tercera coincidencia está en la narrativa visual. En el clímax de la película, Regina Lampert se esconde en la caja del apuntador de un teatro. Joshua compite con otro hombre por encontrarla y las imágenes cambian rápidamente en pantalla. De un hombre a otro, a la mirada de Regina, al escenario visto desde abajo. Aquí la inspiración derramada por la secuencia del Royal Albert Hall se vuelve obvia.

Afortunadamente, hay dos diferencias cruciales que marcan una distancia entre Charada y el opus hitchcockiano. La agencia de la protagonista es una de ellas. Regina coquetea y acorrala al personaje de Cary Grant; es ella quien vuelve explícito el deseo sexual al empezar a besar sus labios. La energía perspicaz de Audrey Hepburn es fundamental, mientras que en las películas de Hitchcock el hombre tiene un rol más activo en el romance y es el más pervertido del dúo (Vértigo, 1958).

La segunda diferencia es el recurso de la comedia. A Hitchcock le gustaba incluir gags en sus cintas, pero en Charada los momentos cómicos son más abundantes y explosivos. Como ejemplo, hay una escena en la que Grant se baña vestido bajo la regadera. Hay otra en la que intenta atrapar una naranja con su mentón, naranja que se resbala desde el pecho de una mujer.

Te recomendamos: Los olvidados, la frontera entre lo real y lo onírico

Y es en estas escenas memorables donde se nota a plenitud la mano del director Stanley Donen. Su historia arranca en Carolina del Sur, lugar donde a los 9 años vio un musical de Fred Astaire en la gran pantalla. A partir de esa experiencia, Donen tomó clases de tap, dio el brinco a Broadway y se convirtió en asistente del mítico Gene Kelly.

Junto a Kelly, dirigió Cantando bajo la lluvia (1952), una película tan importante para el género del musical como es El padrino (1972) para el género gángster. Stanley Donen conocía y apreciaba la comedia, sabía sacar ventaja de la espontaneidad en los actores y claro, valoraba los movimientos y el lenguaje corporal.

Así, Donen hizo de Charada una mezcla particular de comedia con thriller. Un misterio que se desplaza con ritmo hasta nuestros días.

Charada forma parte del dominio público. Está disponible en YouTube y MUBI.

LA PALOMITA: Uno de los últimos papeles de Cary Grant. Vivió hasta 1986, pero se retiró veinte años antes.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

--
POB/JCSD