OPINIÓN: Reportear a Cuba

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La primera vez que fui a Cuba fue en el marco de un encuentro de periodistas. La penúltima noche de mi estancia concluyó con una acalorada, pero muy cordial discusión entre colegas cubanos y un grupo que integramos una ecuatoriana, un colombiano, un español y dos mexicanos. Nuestro argumento fue que en Cuba no existía (ni existe) el derecho a la libertad de expresión ni una prensa libre.

Cuando regresé a la Isla unos años después me encontré con el típico modelo de acoso desde el Estado. La agente migratoria que me recibió en el Aeropuerto Internacional de La Habana, “José Martí”, hizo lo imposible para impedir o al menos retrasar mi ingreso y esto tardó cerca de media hora.

Todos los días percibí la presencia de la policía uniformada detrás de mí y de personas que bien podrían ser del servicio secreto del régimen. Incluso fui objeto de dos infracciones de tránsito sin sentido, pero que acaté para no entrar en una discusión. Fue quizá la represalia a mis declaraciones públicas en la visita anterior.

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Para entender lo que está sucediendo en Cuba es necesario haber estado en Cuba, caminado sus calles, platicado con sus habitantes, con todo tipo de personas, incluyendo personas funcionarias públicas y periodistas que no dejan de ser empleados de gobierno.

Informar sobre lo que está sucediendo en Cuba nos obliga a ser más profesionales como periodistas y dejar en casa nuestras filias y fobias y no caer en la tentación simplista de tomar partido a favor o en contra de las posturas ideológicas dominantes: La que descalifica al régimen de Díaz Canel y la que acusa la intromisión del imperialismo yanqui.

Y es que al final estas posturas tan contrarias como radicales no mienten, pero generan un discurso manipulador para convencernos de una narrativa unilateral y parcial.

Para explicarle a la sociedad lo que realmente sucede en Cuba, hay que hacer periodismo de profundidad y remitirnos a la historia, a los datos duros, a las bases de datos, a las estadísticas.

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Tenemos la obligación profesional de explicar el impacto que ha dejado más de 50 años de embargo económico unilateral contra Cuba que ha impactado más a la población que al régimen revolucionario.

Y al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de explicar por qué en ese pequeño país de 12 millones de habitantes no hay un gobierno democrático emanado del pueblo, sino un régimen autoritario que ha limitado y violado todos los derechos humanos desde hace 60 años.

Aquí no hay blanco y negro; hay una infinidad de matices de grises que se pueden documentar periodísticamente y como dijera mi admirado Che… “¡Hasta la victoria siempre!”

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Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.

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POB/LFJ