CINE: De fiesta: Buñuel y Hitchcock comparten la mesa

Hitchcock se sentó junto a Buñuel. El inglés había quedado fascinado con una escena de Tristana, en la que Buñuel revelaba la pierna mutilada del protagonista.

PEDRO-SOLA-columnas-headers-poblanerias

Diego Galán tenía 40 años cuando le dio un empuje internacional al Festival de Cine de San Sebastián. El crítico español tomaba las riendas del evento en 1986 con dos proyectos importantes en mente; entregar por vez primera el Premio Donostia (un reconocimiento a la trayectoria) y organizar una retrospectiva de películas clásicas que entusiasmara al público.

Para el primer Donostia tenía al actor Gregory Peck, quien visitó la costa vasca. Para la retrospectiva, Galán se inspiró en la fotografía de una reunión deslumbrante. Una reunión que tuvo lugar en el paisaje escarpado de Beverly Hills, en la casa de George Cukor, una mansión con alberca, jardines y estatuas romanas.

Cukor, director de Mi bella dama (1964) e ícono homosexual en una industria entonces cerrada a la diversidad, organizaba las mejores fiestas en Hollywood.

Otra leyenda, Angela Lansbury, describió el ambiente en la mansión del director para un documental televisivo:

[Ahí siempre había] una masa de fama sentada, una enorme cantidad de personajes famosos. Una mezcla de gente. Le encantaba reunir a personas que se animaran entre sí, que crearan un ambiente entretenido. Había camareros corriendo con champán, gente aventándose a la piscina, así como entrando y saliendo de la casa hablando en grupos”.

Entonces, el anfitrión experto George Cukor, decidió organizar una comida en honor a Luis Buñuel. Era el invierno de 1972 y Buñuel visitaba Los Ángeles para promocionar su más reciente film, El discreto encanto de la burguesía.

Cukor invitó a comer a la crema y nata de los realizadores del studio system. Todo un agasajo para los cinéfilos tener en una mesa a diez directores: el propio Cukor y el foráneo Buñuel acompañados por Alfred Hitchcock, John Ford, Billy Wilder, Robert Mulligan, William Wyler, Robert Wise, George Stevens y Rouben Mamoulian.

Todos ya habían dirigido sus obras maestras cuando se encontraron aquella tarde de 1972.

La vieja guardia. Algunos jamás habían coincidido. Siete de los diez integrantes morirían al cabo de quince años. Sus tiempos mozos, de locuras y albercadas, eran cosa del pasado. Sin embargo, ahí estaban los maestros del celuloide, bebiendo y disfrutando en un instante para la eternidad.

John Ford, el genio del western, tuvo que abandonar el evento porque se sintió mal. Ya estaba muy débil y un sirviente afroamericano lo ayudaba con sus movimientos.

Lee también: Reinas de Hollywood, Louella Parsons y Hedda Hopper

Hitchcock se sentó al lado de Buñuel. El británico había quedado fascinado con una escena de Tristana, en la que Buñuel revelaba la pierna mutilada de su protagonista.

Alfred Hitchcock, un obsesivo del lenguaje cinematográfico, de contar la historia con la cámara, reconocía a Buñuel como uno de los grandes. Mientras, en la mesa también estaban los dos colaboradores más cercanos del aragonés: el productor Serge Silberman y el guionista Jean-Claude Carrière –fallecido este año–.

De la reunión en la casa Cukor solo sobrevive el hijo menor de Buñuel, Rafael.

Otro detalle: Buñuel hablaba inglés, pero le costaba trabajo entenderlo en una conversación.

Cuando Hitchcock elogiaba su trabajo en Tristana, Carrière fungía como traductor.

También en esa gira por Estados Unidos, daba entrevistas en el idioma local, pero las preguntas se las planteaban en francés o español.

Esta diferencia de idiomas no impidió una fiesta alrededor del cine, un arte que, como todos, no conoce fronteras. Damos el brinco de 1972 a 1986 y Galán organiza la retrospectiva en San Sebastián alrededor de películas que los diez directores filmaron sobre algún amor imposible, inalcanzable.

A nosotros, en 2021, nos une la cinefilia, ese amor profundo por la imagen que cautiva.

Esta columna cumple un año y, como los genios en Beverly Hills, hoy estamos de fiesta.

LA PALOMITA: La mexicana Tatiana Huezo fue ovacionada en Cannes por su primera película de ficción, Noche de fuego. ¿Saldrá de Francia con premios?

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

“Irresponsibility is part of the pleasure of all art” P. Kael

--
POB/RPC