OPINIÓN: Reinas de Hollywood, Louella Parsons y Hedda Hopper

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Hollywood es una máquina de hacer dinero; un negocio que necesita de personas clave: actores, publicistas y periodistas. El negocio debe ser atractivo para el público que, llegado el momento, tomará la decisión de pagar un boleto.

Muchas veces, detrás de esta decisión está el deseo de ver a una estrella en la gran pantalla. Las celebridades, ya sea por su talento o por sus problemas personales, generan fascinación entre los asistentes a las salas de cine.

Y claro, debe haber personas en este ecosistema que escriban y hablen sobre los famosos. Personas que de manera a veces burda, a veces sutil, contagien entusiasmo por los últimos proyectos cinematográficos. El dinero debe dar la vuelta.

Este esquema no sorprende a nadie en la actualidad, pero cuando la industria estaba en ciernes, a principios del siglo pasado, todas estas dinámicas estaban por definirse. Una columnista pionera tuvo la visión para escribir morbosamente sobre los entretelones de Hollywood y ofrecer una plataforma publicitaria a los estudios de cine y sus estrellas. Su nombre, Louella Parsons.

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Parsons empezó a escribir sobre la magia del celuloide en el periódico Chicago Record Herald. Después se mudó a Nueva York y en la gran manzana redactó su columna para el New York American, propiedad del magnate William Randolph Hearst. Louella enfermó de tuberculosis y Hearst le concedió un año de descanso pagado en Beverly Hills, California.

Recuperada, la columnista se quedaría en Hollywood por el resto de sus días. En la costa oeste, el diario Los Angeles Examiner reprodujo su columna hasta 1965. Cincuenta años dedicados al chisme y los detrás de cámaras.

En el pico de su fama, la columna de Parsons se distribuyó a cientos de periódicos y logró conquistar a 20 millones de lectores. Mujer con el poder de destruir carreras y reputaciones. Demasiado poder para una sola persona, así que los mismos estudios promovieron el surgimiento de una columnista que le hiciera la competencia: Hedda Hopper.

Son varias las coincidencias entre Parsons y Hopper: Fueron contemporáneas (nacieron en 1881 y 1885, respectivamente), ambas originarias de localidades rurales, madres solteras y políticamente conservadoras.

Parsons, antes de entrar al mundo de la prensa, trabajó como guionista de los estudios Essanay. Hopper fue actriz de reparto y colaboró en la primera producción de Louis B. Mayer, uno de los hombres más poderosos de Hollywood.

Hopper llegó a las columnas de la farándula mucho más tarde que su némesis, en 1938. En la década de los cuarenta, sus textos llegaron a 32 millones de lectores. Reinas de la industria. Contaban con asistentes y espías, que rondaban los sets de filmación, cafés, restaurantes, fiestas, salones de belleza y consultorios médicos. Todo con tal de publicar la nota más escandalosa.

Hedda Hopper fue más virulenta que Louella Parsons y en sus columnas, insignia de Los Angeles Times, acusó de comunistas a muchos trabajadores de la industria. Tenía línea directa con el FBI y su director, J. Edgar Hoover, para informarle sobre los nexos políticos de actores y directores. A cambio, recibía información confidencial solo disponible para los servicios de inteligencia.

Amante de los sombreros extravagantes, Hopper reveló su buena dosis de noticias amarillistas –muchas de ellas, severamente distorsionadas–. Hedda se lanzó contra Charles Chaplin en 1943, cuando este salía de una relación con una actriz treinta años más joven que él, Joan Barry. Ella estaba embarazada y exigía que el cómico se hiciera responsable del bebé.

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La paternidad de Chaplin está en entredicho, pero el daño por los ataques de Hopper fue permanente. El actor era un mujeriego empedernido, cierto, pero se conducía igual que muchos de sus contemporáneos. Además de retratarlo como un patán, Hopper enfatizaba que Chaplin simpatizaba con la izquierda y los ideales de la Unión Soviética.

Al final, Chaplin salió de Hollywood, exiliándose en Europa. ¿Qué filmes pudo haber entregado el británico sin este desprestigio sobre sus hombros? Algo parecido le ocurrió a Ingrid Bergman, solo que por un golpe dado al otro extremo del ring.

Louella Parsons reveló que la actriz esperaba un hijo del director italiano Roberto Rossellini. Bergman estaba casada con un médico y su imagen en pantalla, vinculada a ideales de pureza y virginidad. El escándalo provocó que la actriz se mudara a Roma con Rossellini, sin volver a Estados Unidos por seis años. Otro exilio.

Dos mujeres impulsaron la industria del cine a una era donde la fama trae consigo un precio muy alto. Una era donde ser estrella implica estar todo el tiempo en el ojo del huracán. Una era, moralista, en la que se considera que los famosos deben dar el ejemplo. Y quienes no lo den, deben ser cancelados, excluidos, relegados.

Esta historia, la de Louella Parsons y Hedda Hopper, puede disfrutarse escuchando la última temporada del excelente podcast You Must Remember This, una creación de la periodista Karina Longworth. Disponible en Spotify y Apple Podcasts.

LA PALOMITA: Otra plataforma de streaming ya tiene presencia en México: HBO Max. Espacio saturado.

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POB/KPM