Los dinosaurios fueron unos animales vertebrados que habitaron la tierra y se estima que desaparecieron hace 66 millones de años.

Una leyenda cuenta que hace 100 millones de años el mar estaba en el valle de Tehuacán, donde se encontraron una enorme cantidad de fósiles, entre ellos un pterodáctilo y pisadas de una manada de dinosaurios.

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Durante el Siglo XIX, el viajero alemán Alejandro de Humbodlt, se encontraba redactando el libro "Historia Natural y Moral de la Nueva España", por lo que decidió visitar Zapotitlán Salinas.

En su viaje a la mixteca poblana, Humboldt fue acompañado por Rodríguez Alconedo, un guía de la zona.

"Comenzaron a hacer excavaciones en una cantera cercana. En realidad, no tuvieron que excavar mucho porque los fósiles estaban a flor de tierra: moluscos, peces, caracoles.
Su presencia llamaba poderosamente la atención al ojo experto de Humboldt que, recogía los más espectaculares para estudiarlos en Europa".

Alconedo y Humboldt continuaron con la exploración, sin embargo, mientras comían, una nube inesperada nubló el día que parecía ser perfecto.

-¡Oh Dios!
-¡Señor Humboldt, lo vio usted también!
-¡Allí va, allí va!
-¡Oh Dios, no puedo creerlo, es...!

Ninguno de los dos se atrevió a decir lo que vieron. Definitivamente era un pájaro porque volaba, pero no tenía plumas y era realmente un animal enorme.

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Foto: Agencia Enfoque

Alconedo no se arredró y decidió perseguir al monstruo, sabía que de perderlo no lo volverían a encontrar.

El dinosaurio sobrevoló la campiña un par de kilómetros más, se detuvo cerca de una pequeña caverna, allí donde caía una cascada, llevando entre sus patas los restos de un pequeño puerco con el que comenzó alimentar a sus crías.

Sin embargo Alconedo persiguió el animal durante varios kilómetros y se detuvo maravillado ante una aparición que extasiaría al más reacio amante del naturalismo de la época.

Alconedo no dejaba de mirar a ese extraño animal, y de repente muchas de los de las interrogantes que planteaba Zapotitlán de las Salinas tenían su respuesta.

Ese animal era antiguo y no se había alimentado siempre de cerdos, venía de un tiempo en el que Zapotitlán había tenido peces en lagos enormes ya evaporados, llenos de sal.

Vivía cerca de una cascada porque necesitaba grandes cantidades de agua para sobrevivir, evidentemente no había muchos, quizás era el último, con sus últimos polluelos.

Alconedo tomó una decisión se levantó y comenzó a retroceder rumbo al lugar donde habían ido a comer no mataría un animal único como ese un bol pagaría bien por llevarse un recuerdo de ese tamaño de su casa pero algo maravilloso desaparecería de la tierra para siempre

Esta es la leyenda de la última vez que un hombre vio un dinosaurio en Zapotitlán de Salinas, Puebla.


Leyenda basada en el libro: Otras casas y lugares malditos de Puebla, escrito por Orestes Magaña.

 

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POB/RPC