OPINIÓN: La pequeñez del priismo poblano

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Ahí en el priismo poblano se esfumaron las “bufaladas”, “caballadas”, “cargadas”, hoy en el tricolor ya no alcanza ni siquiera para citar las frases que los han colocado en la historia del acarreo y los dedazos.

Y no, no alcanza, porque hoy el Partido Revolucionario Institucional vive momentos de grisácea y mediocre representatividad.

Sin sorpresas, Néstor Camarillo se erige como candidato único a repetir en la representatividad estatal de su partido.

En estos nuevos tiempos del PRI, se siente una decadencia gestada a partir de las deficiencias de una cúpula nacional representada por “Alito” (Alejandro Moreno) quien hace honor a su nombre y cuyo liderazgo sólo ha servido para dividir a un partido y negociar prebendas personales.

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En Puebla el caótico PRI refleja a un partido desarticulado y poco identificado con lo que ellos han llamado desde su fundación “bases”.

La gente ha dejado de ver en el priismo a la llamada justicia social, pues sus vengadores se han transformado en rémoras del PAN con quien navegan a buen resguardo, conformándose con pírricas victorias.

Néstor Camarillo no ha logrado consolidar un liderazgo fortalecido que represente la renovación o los nuevos tiempos de un tricolor que tendría que reinventarse para constituirse como una oposición fortalecida y crítica.

Sin una plataforma propia que enuncie temas de interés estatal, la dirigencia del PRI en Puebla seguirá remando no sólo con la corriente y la línea que se dicte desde la curul de Jorge Estefan Chidiac o desde los intereses muy personales de su Presidente Nacional.

Expertos en la formación de cuadros, los priistas en Puebla se han dividido y emigrado sabiendo que en el tricolor como en el juego de las sillas, siempre se sentarán los mismos en los cargos de poder.

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Con sólo 21 municipios ganados como fuerza priista, la era de Camarillo se consolida como una presidencia por encargo y muy lejos de reconstruir a partido que se debilita no por sus opositores, sino por la ambición interna de varios sus militantes, quienes siguen utilizando al PRI como oficialía de partes para aterrizar grandes negocios personales que se han quedado en la burbuja cupular.

Frente a este panorama es desalentador en Puebla el futuro del priismo, pues es fácil prever que el tricolor no recuperará sus tiempos de gloria como un partido donde la unidad la presumía no sólo en sus liderazgos, sino con la gente.

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POB/RPC