OPINIÓN: En riesgo la joven democracia de Túnez

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El presidente de Túnez, Kaïs Saied, invocó la cláusula de “peligro inminente” de la constitución. Suspendió el parlamento por 30 días, destituyó al primer ministro Hichem Mechichi e inició una ofensiva contra empresarios catalogados por el gobierno como corruptos.

Los principales partidos políticos, incluido el islamista moderado Nahda, han calificado esta acción como un golpe a la democracia. Sin embargo, la sociedad tunecina ve la medida presidencial como una oportunidad para reconfigurar a un gobierno ineficaz.

La revolución en Túnez (2010 - 2011), para derrocar al exdictador Zine al-Abidine Ben Ali, fue la cuna de una serie de movimientos pro democráticos a lo largo del Magreb conocido como Primavera Árabe.

A raíz de esto los habitantes de Túnez vivieron una transición hacia la democracia, considerada como la única historia de éxito surgida de los levantamientos árabes. Pero a diez años de su resolución, la sociedad la califica como un sistema político fallido con una pobreza in crescendo.

La inestabilidad política en la joven democracia ha causado la salida de diez mandatarios durante la última década, con coaliciones débiles incapaces de impulsar reformas o concluir acuerdos. Esto ha causado múltiples protestas por los nulos resultados satisfactorios.

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Por otro lado, la economía tunecina desde 2011 a 2019 tuvo un promedio de 1.8 por ciento de crecimiento al año y a partir de la pandemia del coronavirus la economía se redujo un 8.8 por ciento, siendo una de las más afectadas a nivel mundial.

Estas circunstancias han causado que los habitantes de Túnez tengan una relación ambivalente con la democracia, después de una década de mayores libertades personales, la falta de prosperidad generó un descontento y esto fue capitalizado por un personaje carismático.

La victoria de Saied en las elecciones presidenciales de 2019, con un 77 por ciento, fue la constancia de un país que exigía a gritos un cambio. Esto representó un voto de castigo para los políticos tradicionales por su evidente falta de empatía al sentimiento social.

La figura antiestablishment del presidente Saied sedujo a la sociedad, con actitudes sencillas negándose a vivir en el palacio presidencial. Se presentó como un religioso y socialmente conservador, con una retórica de oposición a las élites “rapaces”.

¿Estará en peligro el único país árabe democrático?

Por ahora, la incertidumbre reina en las calles y parece que el presidente Saied cuenta con el apoyo de los militares. Esto le brinda legitimidad y un brazo armado para ejercer una estabilidad artificial.

Además, el presidente Saied ha iniciado una erosión de la democracia socavando simultáneamente las instituciones bajo el mandato constitucional de “peligro inminente”. Los autócratas tienden a ocultar su represión tras una apariencia de legalidad.

Encima, con la suspensión de los organismos de contrapeso se centraliza el poder en un solo hombre. Esto le permite aplicar la ley de manera selectiva y castigar a sus adversarios al tiempo que protege a sus aliados.

Del mismo modo, los dictadores en potencia se vuelven la voz del pueblo para perseguir un objetivo público enarbolado, en este caso, el combate a la corrupción en Túnez. Esto moraliza su acto.

Por si fuera poco, los valores democráticos en la sociedad tunecina se han desmoronado y esto vuelve difícil la protección de la democracia. En cambio, los ciudadanos perciben el autoritarismo como una alternativa viable.

De manera que la supervivencia de la democracia en Túnez tiene un pronóstico reservado. No obstante, los medios de comunicación señalando las injusticias, la opresión e influyendo en la opinión pública podrían convertirse en un héroe solitario.

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Internacionalista por la UDLAP, vicepresidente de Somos Naciones en México A.C. y colaborador del COMCE Sur. Me gustan los libros de historia universal, poesía y tecnología. En mis pasatiempos toco la guitarra acústica. Soy un mexicano comprometido en el desarrollo de un mejor futuro.

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POB/KPM