OPINIÓN: Eduardo Rivera Perez, de carne y hueso

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Uno es lo que mama en casa…  y a mí me formó la responsabilidad, el trabajo, el esfuerzo…” comentaba con este escribidor Eduardo Rivera Pérez, en octubre de 2008.

Rescato, de esa entrevista, algunas de sus expresiones verbales que le dan forma a su personalidad.

Hasta los 17 años de edad, el trabajo era necesario y requerido familiarmente para soportar la crisis económica de los años 80, junto con sus padres y cuatro hermanos. La venta de gelatinas junto con un hermano, fue apoyo económico en ocasiones para la familia, pero la venta de toallas en mercados y tianguis reunía en el mismo objetivo a toda la familia.

La Merced, en Tepito, era el punto comercial para surtir botones, hebillas, bies, hilo, para el retorno a Toluca, maquilar y vender toallas. “A los cinco hermanos nos formó el esfuerzo”, refiere con orgullo y la mente en el recuerdo.

Político y periodista iniciamos los 45 minutos de charla, con las poses, actitudes, formalismos a los que obligan un encuentro pactado y para su publicación. Anécdotas personales, intercambio de experiencias, aspiraciones y proyectos, relajaron el intercambio y el ser humano abrió sus recuerdos para dar paso a experiencias de vida, más allá de la política.

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Y es que Eduardo creció escuchando hablar de la crisis económica y padeciéndola, y el dinero no alcanzaba para cubrir los gastos escolares. Su padre había decidido renunciar al CAPCE por no compartir prácticas de corrupción.

Llegó a Puebla a los 17 años, buscando la oportunidad para convertirse en licenciado en Ciencias Políticas y lo logró. Aunque tuvo que dejar la casa de sus padres y “rascarse con sus propias uñas”, estudiando sí, pero sin recursos, sin familia, lavarse, plancharse, cocinarse, y lograr sus objetivos de vida.

Ahora, a los 49 años, con 32 años en Puebla, logra su segunda participación como Presidente municipal y con un gran panorama por delante. En esa extraordinaria dualidad que pocos entienden y que comparto: sentirse poblano y toluqueño.

Habrá que preguntarle, nuevamente, si 11 años después de la charla que compartimos, sigue admirando a Angelina Jolie, su personaje favorito sigue siendo El Quijote, su libro Las 27 leyes del liderazgo y su película La sociedad de los poetas muertos.

De lo que no tengo duda es que sus grandes amores siguen siendo Liliana, Alejandro, Eduardo e Ilse.

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