OPINIÓN: El periodismo es cosa pública, más no privada

El periodismo es cosa pública porque se basa en cubrir sucesos de interés social y que pueden afectar a las personas de una comunidad.

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Escuchando al experimentado periodista Jorge Meléndez Preciado, me gustó una idea que resume una buena parte el actuar de las y los periodistas.

Jorge, con más de 50 años en el ejercicio profesional, dice que las y los periodistas debemos “enjuiciar las cosas públicas, pero no lo privado” y remata su afirmación con otra famosa frase del reconocido Ryszard Kapuściński, que es también una de las más famosas frases para definir nuestra profesión: “este oficio no es para cínicos”.

Aquí en este espacio he comentado sobre la responsabilidad que tenemos como periodistas de tener los mínimos estándares éticos y deontológicos. Hacer bien nuestra chamba no es elección, es una obligación.

Pero las palabras de Jorge estaban enfocadas a criticar que muchos y muchas periodistas no sólo no reportean, privilegian sus opiniones, sus filias y sus fobias, y las traducen en textos lamentables; en textos que además se centran en asuntos personales por encima de los hechos periodísticos.

Déjenme hacer una pausa y reiterar que me refiero a periodistas, no a los cientos de personas que no son periodistas y tienen espacios de opinión en medios impresos, digitales, radio y televisión que por supuesto, carecen de los mínimos éticos.

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El periodismo es de hechos comprobables, de sucesos que son de interés público y que afectan a las personas. Por eso el periodismo debe seguir siendo contrapeso del poder, debe seguir siendo el “perro guardián” que debe vigilar la actuación del poder público y la manera en que utiliza los recursos públicos para cumplir su encomienda.

Sí, hay quienes dicen que hay una delgadísima línea que divide lo público de lo privado, pero este argumento ha servido más de pretexto para vulnerar los derechos de las personas y al mismo tiempo alejarse de la información que sí es de interés público.

La forma de vestir de una persona funcionaria pública es irrelevante; si consume sustancias psicoactivas o no, también, o si llega en camión, bicicleta o caminando a su oficina.

Lo que es relevante en todo caso, es si la ropa que viste la persona en cuestión pudo ser comprada con recursos públicos; si su adicción interrumpe su desempeño o si llegó en transporte público porque usa el vehículo oficial para asuntos personales.

Y en todo caso, el trabajo de las y los periodistas es demostrar eso, que hay uso indebido de recursos públicos, que la adicción sí afecta la labor pública de la persona y además usa dinero del erario para pagar a sus proveedores y en todo caso, además del probable delito de uso indebido de recursos públicos, se puede sumar algún delito contra la salud por la compra de sustancias ilegales.

El periodismo profesional se basa en hechos que deben investigarse, no en los temas personales de las figuras públicas, a menos, insisto, que esas acciones y conductas personales se hagan al amparo del poder público o afecten el desempeño público de la persona funcionaria. Todo lo demás es chisme.

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Andrés Solís A. es periodista, autor del “Manual de Autoprotección para Periodistas” y de la “Guía de Buenas Prácticas para la Cobertura Informativa sobre Violencia”.

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POB/PCL