OPINIÓN: La cicatriz de 20 años entre México y Estados Unidos

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Los actos terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001 trastocaron los cimientos de la relación entre México y Estados Unidos. A partir de ese momento, la seguridad nacional se convirtió en el eje articulador de la política exterior estadounidense.

El bono democrático obtenido por el triunfo electoral de Vicente Fox en el 2000, al cortar la hegemonía priista, el gobierno obtuvo una mayor capacidad de negociación internacional especialmente frente Estados Unidos.

Además, con la llegada de un gobierno conservador liderado por George Bush en Estados Unidos en 2001 se amplificó un ambiente internacional propicio para la política exterior proactiva que buscaba desplegar Fox.

Los principales objetivos de Vicente Fox fueron la negociación de un acuerdo migratorio bilateral, la eliminación del proceso de certificación, la posibilidad de crear fondos compartidos y una mayor integración económica al estilo de la Unión Europea con libre movimiento de mano de obra.

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Hasta antes de los hechos desafortunados ocurridos en suelo estadounidense, la administración foxista había planteado una relación intensa con Washington como uno de los ejes principales de su política exterior. Por otra parte, Bush había declarado que una de las prioridades de su política exterior sería México.

Pero, ¿qué cambió el 11 de septiembre de 2001?

Los ataques terroristas del 11-S, liderados por Al Qaeda, distorsionaron de manera radical el contexto internacional y, por su puesto, el giro tuvo repercusiones en la política exterior de México.

Los efectos inmediatos en la relación bilateral consistieron, a partir de ese momento, en que la prioridad de la agenda política exterior estadounidense sería la securitización y la guerra contra el terrorismo y la relación con México pasaría a un lugar secundario.

En este sentido, el acuerdo migratorio se mantuvo prácticamente congelado y el libre movimiento de mano de obra quedó simplemente en el tintero. En consecuencia, la capacidad de negociación internacional de México empezó a disminuir.

La respuesta miope y pacata del gobierno mexicano agravó la relación bilateral Washington solicitaba el respaldo de Los Pinos para su lucha contra el terrorismo. Sin embargo, la postura de Fox fue tambaleante.

La falta de contundencia del presidente Fox y el diferente criterio entre el secretario de Gobernación [Santiago Creel] y el secretario de Relaciones Exteriores [Jorge Castañeda Gutman]  con respecto a la muestra de solidaridad al gobierno y pueblo estadounidense, tensó la relación a un grado crítico.

Legado del 11 de septiembre

Pasando el tiempo, México y Estados Unidos hicieron a un lado, parcialmente, los resentimientos, y dieron pasa una relación basada en la economía y la seguridad fronteriza.

Con la creciente convivencia socioeconómica desplegada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y la creación del Departamento de Seguridad Nacional, se rehabilitó e impulsó la cooperación para perseguir una agenda bilateral con poca diversificación de temas.

Sin duda, el 11- S fue un parteaguas que colocó trabas para el desarrollo de una agenda bilateral ambiciosa y el auge de una relación estratégica entre México y Estados Unidos.

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A veinte años de los ataques, es necesario que la Casa Blanca y Palacio Nacional evalúen el progreso de la relación bilateral. De igual forma, se deben delinear de mejor manera los intereses y objetivos de ambas naciones.

Por otro lado, se debe tomar con mayor seriedad nuestra vecindad, profundizando e impulsando nuestra cooperación a nivel general. Nuestras sociedades estarán eternamente interconectadas y no contar con una política exterior concreta sino reaccionaria preocupa.

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Internacionalista por la UDLAP, vicepresidente de Somos Naciones en México A.C. y colaborador del COMCE Sur. Me gustan los libros de historia universal, poesía y tecnología. En mis pasatiempos toco la guitarra acústica. Soy un mexicano comprometido en el desarrollo de un mejor futuro.

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POB/RPC