OPINIÓN: ¿Y la frontera sur de México?

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La crisis migratoria se ha exacerbado en la frontera sur de México ante la presencia de nuevas caravanas de con de migrantes y por la respuesta violenta de las autoridades.

Las medidas para disipar a los éxodos cuestionan el discurso oficial del gobierno con acogida de refugiados.

En las últimas semanas, cuatro agrupaciones de centenares de migrantes, compuestas en su mayoría por centroamericanos, partieron desde la ciudad de Tapachula, en el sur de Chiapas, hacia el norte de México.

Pero los cuatro grupos fueron mermados por los operativos encabezados por la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración (INM), quienes impidieron la salida de los centroamericanos de Chiapas, convirtiéndose en un dique.

Durante los enfrentamientos entre los migrantes y las autoridades mexicanas surgieron imágenes en donde resaltaba la violencia excesiva de los agentes. En uno de los videos se muestra a un gestor de migración pateando la cara de un hombre haitiano mientras era sometido.

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Por si fuera poco, el INM no ha informado cuántas personas han sido detenidas ni cuál ha sido su paradero. Esto preocupa, pues sin un registro oficial las personas aprehendidas estarían en un mayor peligro de experimentar extorsiones, secuestros, esclavitud o prostitución.

Por otra parte, uno de los principales problemas que incita a los migrantes a iniciar la mortal travesía hacia el norte del país es la lentitud en la resolución de solicitudes de asilo por parte de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR).

En los siete primeros meses del año ha recibido más de 77 mil solicitudes, más que en todo 2019, saturando de trabajo a un puñado de funcionarios. Durante la espera, muchas migrantes malviven en condiciones insalubres en ciudades que tienen a los albergues saturados.

¿México con un discurso doble?

México tiene un largo historial de acogimiento de refugiados, desde profesores, artistas, poetas, escritores exiliados de conflictos como la Guerra Civil española, refugiados provenientes de la Unión Soviética o de dictaduras de Latinoamérica han recibido apoyo en tiempos de crisis.

Tras el reciente recibimiento de los 114 refugiados afganos a México, el gobierno de mexicano demostró su tradicional labor humanitaria protegiendo y rescatando a los migrantes de una zona llena de incertidumbre. Esto se celebra y se aplaude.

Pero la crisis humanitaria en la frontera sur de México demuestra un contraste con el recibimiento de los afganos, pues los centroamericanos son reprimidos y se les violan sus derechos. Esto demuestra una gran irresponsabilidad y un comportamiento distinto en una situación similar del gobierno.

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Esta falta de congruencia nace por el sometimiento del gobierno mexicano a las presiones estadounidenses para evitar la llegada de caravanas migrantes a la frontera norte, ya que la actual estrategia fronteriza basada en la securitización de la frontera sur es insensata.

Los migrantes no son delincuentes y la perspectiva nativista de percibirlos como una amenaza para la seguridad nacional carece de verdad. Los gobiernos deben implementar una política humanista y evitar nuevas escenas de terror y desgracia humana.

Así como México denuncia el mal trato a nuestros connacionales en Estados Unidos cuando intentan ingresar ilegalmente a su territorio, el gobierno mexicano debe ser un vigilante respetuoso de los derechos de los migrantes que ingresan por el sur de nuestro país.

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Internacionalista por la UDLAP, vicepresidente de Somos Naciones en México A.C. y colaborador del COMCE Sur. Me gustan los libros de historia universal, poesía y tecnología. En mis pasatiempos toco la guitarra acústica. Soy un mexicano comprometido en el desarrollo de un mejor futuro.

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POB/RPC