OPINIÓN: Discriminación y misoginia en un “simple” post

Edgar ortega

¿Alguna vez han escuchado la frase somos lo que leemos? Pues también podríamos plantearnos que somos lo que compartimos en redes. Todas esas capturas, memes, videos, etc., también nos definen.

Desde la creación de las redes sociales han existido diversos debates acerca de que lo que publicamos, podría llegar a ser considerado violento hacia ciertos sectores sociales.

La mayor parte de esta violencia está dirigida hacia las mujeres, sin embargo, también hacia las personas que sufren alguna discapacidad, integrantes de la comunidad LGBTTTIQ+ o simplemente hacia quien piensa de manera diferente.

La normalización de este tipo publicaciones genera que en ocasiones ni siquiera nos percatemos del alcance de nuestras palabras o lo justificamos diciendo “es un meme, no tiene porque se hiriente”.

Sin embargo, detrás de estas publicaciones que nos parecen hilarantes existen una violencia y una intolerancia que pretenden pasar ocultas.

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Se escucha en diferentes escenarios las mismas arengas, tan repetitivas en todos los discursos de odio, normalizando la misoginia y la discriminación, generando de esta manera, no solo su reproducción constante, que perpetúa así la cultura de la desigualdad e intolerancia.

Esta aspereza, ha quedado una vez más exhibida en los últimos días con el caso viral de una persona que pedía con desesperación le llamaran “compañere” y no compañera.

A propósito del caso, considero oportuno compartir la reflexión de la escritora argentina, María Teresa Andruetto en su discurso para el cierre del Congreso de la Lengua (Argentina 2019):

En la lengua se libran batallas, se disputan sentidos, se consolida lo ganado y los nuevos modos de nombrar –estos que aparecen con tanta virulencia – vuelven visibles los patrones de comportamiento social.
Palabras o expresiones que llegan para decir algo nuevo o para decir de otro modo algo viejo, porque el lenguaje no es neutro, refleja la sociedad de la que formamos parte y se defiende marcando, haciendo evidente que los valores de unos (rasgos de clase o geográficos o de género o de edad...) no son los valores de todos”.

De acuerdo con la escritora es relevante no olvidar que el lenguaje inclusivo, se trata de un problema fundamentalmente ideológico, “el lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua, que habitualmente nos es invisible”.

Más que situar la discusión en términos de bueno y malo, se necesita hacer un análisis crítico, con el propósito de entender cómo se construye el conocimiento y traer a la luz la forma en que funcionan las ideologías.

El disentimiento que hay en las redes sociales ha puesto en evidencia las actitudes ante los usos del lenguaje, todas llenas siempre de prejuicios, agravando con ello, los grandes problemas de nuestra sociedad como la desigualdad, la discriminación, la misoginia, la exclusión de ciertos grupos, el control del poder por parte de unos pocos, las fallas en los gobiernos democráticos existentes, las injusticias y la lucha por los derechos políticos y humanos.

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Así pues, el lenguaje inclusivo implica, para las agrupaciones que buscan su establecimiento, una propuesta que exige a pensar el problema desde una perspectiva ideológica-política, ya que el debate va más allá de que la RAE acepte el uso de recursos lingüísticos como “todos y todas”, “todes”, “todxs” o “[email protected]", se trata de terminar con la normalización de la misoginia y discriminación.

Resulta muy importante reflexionar sobre el impacto de los contenidos que compartimos en redes sociales.

Debemos preguntarnos si lo que estamos publicando es misógino o discriminatorio hacia algún sector social, pues la violencia que vive el país no solo es generada por la delincuencia, sino también por las palabras y la intolerancia.

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Edgar Ortega es Economista por la BUAP, miembro de iniciativas ciudadanas como Ahora y Sumamos. Especialista en estudios de mercado y política pública. Director general de Methodica y director de proyectos de A&J Consultores. Hijo del patriarcado tratando de deconstruirse.

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