OPINIÓN: El machismo de izquierda

Edgar ortega

¿La izquierda está libre del machismo? ¿Podría un macho de izquierda ser diferente a uno de derecha?

En esta columna me gustaría analizar de forma breve algunas de las actitudes que, bajo la bandera de pseudo luchador social, se esconden los mismos sesgos discriminatorios hacia las mujeres.

El machismo en general es incapaz de comprender, aceptar y defender la lucha de las mujeres por equidad e inclusión, pero de forma particular, existe un “machismo de izquierda” que no acepta ni logra comprender el liderazgo de las mujeres en su propia lucha, lo que revela acciones y actitudes misóginas generadas por el rechazo a la ruptura del paternalismo que ha existido en las corrientes del socialismo y por la nula aceptación del derecho que tienen los movimientos feministas de demandar que se haga conciencia del machismo existente dentro de esta corriente política.

¿Cómo saber si soy un macho de izquierdas?

Hagamos un ejercicio de reflexión a través de las siguientes ideas:

¿Qué pensamiento podría colocarme como un macho de izquierda?

Cuando estoy de acuerdo con que no debe existir el feminismo sino el “igualismo”.

Si califico al movimiento feminista de “burgués”, “pequeño-burgués”, “liberal” y “posmoderno”.

Si creo que no existe un patriarcado, ni lo reconozco como pilar del capitalismo.

Cuando creo que deben existir los roles de género.

Si utilizo la frase “a los hombres también nos agreden”.

Si detesto el capitalismo, pero, equiparo al feminismo con el nazismo o cualquier otro régimen totalitario.

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Cuando pienso que no cabe ninguna crítica hacia el socialismo y que no tiene nada que tomar del feminismo porque considero que todas las demandas de este movimiento se encuentran ya planteadas.

Si creo que el socialismo está contra toda opresión, pero saco a las mujeres de esta consideración y pienso no hace falta ser feminista.

Si únicamente acepto que existe el machismo en sus expresiones más evidentes y explícitas (feminicidio, trata, violencia doméstica, violaciones, discriminación laboral) y, sin embargo, considero que el acoso sexual, los piropos, el consentimiento, la inequidad en tareas domésticas, no son parte de la violencia hacia la mujer.

Si repudio los actos de machismo cometidos por burgueses, políticos, figuras públicas y hasta dirigentes de otros partidos, pero hago caso omiso del que ejercen mis amigos o familiares cercanos.

Cuando creo que puedo decidir sobre el cuerpo de la mujer.

Cuando descalifico las luchas feministas que me molestan apelando al “feminismo de antes”.

Cuando creo que no hay ningún rastro de machismo en mí por ser pensador de izquierda.

Cuando digo que mi dialéctica está planteada con “objetividad científica” y lo utilizo como excusa para no empatizar con el punto de vista “subjetivo” de las víctimas del machismo.

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Así pues, el machismo es una ideología en sí misma. Tiene un conjunto de reglas, estructuras y comportamientos que solo pueden combatirse desde el feminismo. Negar su existencia dentro de la izquierda o cualquier otra corriente progresista de lucha, únicamente termina por perpetuar el patriarcado en todas sus formas.

Uno de los principios de la izquierda es el fin de la opresión, por ende, si no se incluye de manera primordial la autonomía de la mujer, está faltando a su cometido. Las mujeres son uno de los sectores sociales más oprimidos, por lo que, si la izquierda no es feminista, es tan machista como la derecha.

Varones, reflexionemos sobre nuestras actitudes, únicamente así estaremos con la capacidad de corregirlas y deconstruirnos.

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Edgar Ortega es Economista por la BUAP, miembro de iniciativas ciudadanas como Ahora y Sumamos. Especialista en estudios de mercado y política pública. Director general de Methodica y director de proyectos de A&J Consultores. Hijo del patriarcado tratando de deconstruirse.

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