OPINIÓN: “Freedom Convoy” en Canadá

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La policía de Canadá inició el viernes pasado el desmantelamiento de las protestas de camioneros autonombrados “Freedom Convoy” que colapsaron la capital Ottawa desde hace tres semanas, tras haber bloqueado puentes y haberse plantado frente al congreso.

La demanda inicial de los camioneros fue contra el mandato que exigía tener el esquema completo de vacunación contra la COVID-19 a todos los transportistas que cruzaran la frontera sur, pero pasando los días las manifestaciones atrajeron otras inconformidades contra el gobierno que preside Justin Trudeau.

Aunque la mayoría de los canadienses piensa que Trudeau ha logrado una buena gestión de la pandemia, los manifestantes lograron tocar el sentimiento social: “estamos cansados del confinamiento”.

El agotamiento y el hartazgo de buena parte de la sociedad canadiense, después de dos años de duras restricciones e imposiciones por la pandemia, quedó de manifiesto y deberá ser una llamada de atención no sólo para Canadá sino el mundo con respecto a la fatiga pandémica.

Al movimiento de los transportistas se sumaron los jóvenes, quienes han perdido su trabajo debido a las medidas sanitarias que trastocaron la economía y están especialmente desesperados.

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Estas manifestaciones masivas provocaron que el 14 de febrero el gobierno federal invocara la Ley de Emergencia, que le otorga herramientas al gabinete para frenar las protestas mediante el congelamiento de las cuentas bancarias y detenciones de los líderes del movimiento.

El gobierno de Canadá tiene razón al hacer cumplir las reglas precautorias para frenar la propagación de una enfermedad mortal y altamente infecciosa, pero los transportistas tienen todo el derecho de expresar sus disconformidades y la Ley de Emergencia fue una medida exagerada.

Todo esto se pudo haber evitado si el gobierno federal se hubiera sentado con los líderes del movimiento para escuchar sus quejas, preocupaciones y explicarles pacientemente el porqué de las restricciones sanitarias.

No obstante, Justin Trudeau subestimó el movimiento de los manifestantes y no creó un canal de comunicación. Esto le causó un costo político muy alto, pues la sociedad reprobó sus medidas drásticas y solo debilitó su liderazgo al frente de la pandemia.

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Además, las imágenes de los actos policiales para dispersar las protestas le han dado la vuelta al mundo, mostrando violentos forcejeos entre centenares de manifestantes y agentes, algunos a caballo.

En Australia y Nueva Zelanda se han desarrollado protestas inspiradas por el “Freedom Convoy”, incluso el pasado fin de semana hubo intentos de replicar las marchas en Francia y en Bruselas, pero ninguna ha tenido la fuerza como en el país de Norteamérica.

Esto se ha convertido en un efecto de bola de nieve en el interior del país, el cual puede estar presenciando el nacimiento de una corriente política alternativa que funja como oposición al actual primer ministro, Justin Trudeau.

Por el momento, los movimientos próximos a la extrema derecha han visto una oportunidad de oro para enarbolar los valores del movimiento de los transportistas y lograr robustecer su apoyo popular en los próximos comicios.

Justin Trudeau deberá reflexionar en las lecciones del movimiento “Freedom Convoy” en Canadá, también tiene que ser consciente de la aflicción social a la hora de tomar decisiones en el futuro ante lo que parece que todavía va ser una larga convivencia con el coronavirus.

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Internacionalista por la UDLAP, vicepresidente de Somos Naciones en México A.C. y colaborador del COMCE Sur. Me gustan los libros de historia universal, poesía y tecnología. En mis pasatiempos toco la guitarra acústica. Soy un mexicano comprometido en el desarrollo de un mejor futuro.

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POB/RPC