OPINIÓN: La estrategia guerrillera de Ucrania

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Las fuerzas armadas de Ucrania cuentan con 200 mil hombres, poseen tanques, artillería, cazas, helicópteros y drones, pero en cantidad insuficiente para enfrentar directamente a una potencia militar como Rusia.

Desde el inicio de la invasión por parte de Rusia, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y sus jefes militares identificaron que enfrentarían una guerra asimétrica y adoptaron una estrategia de guerra irregular. Por ello, no vemos grandes movilizaciones o enfrentamientos directos.

En la guerra irregular los mandos son autónomos no hay una cabeza, sino muchas; el territorio es todo el país, se ataca al enemigo desde fuera y desde dentro de sus propias posiciones, en el campo y la ciudad, de día y de noche, cuando se mueve y descansa, con soldados uniformados o civiles.

La baja del general de división, Andréi Sujovetski, es una muestra de que el presidente ruso, Vladimir Putin, está enfrentando a un enemigo ágil e invisible. Eliminar a un general de alto rango implicaría de una gran batalla frontal, lo cual no ha ocurrido.

Los ucranianos se concentran en lo que tienen, en sus fortalezas que poseen y las usan con creatividad. Saben cuándo detenerse, renovarse y atrincherarse para recuperarse y sobrevivir de sus adversarios. Juegan para el largo plazo.

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Por esta razón, es un error interpretar la guerra de Ucrania y Rusia como si se tratase de batallas de la Segunda Guerra Mundial definiendo quién gana o pierde sólo por las posiciones en el terreno. En la guerra de guerrillas el territorio tiene un valor relativo.

La invasión de Ucrania por Putin es de manual: comenzó con ataques aéreos a cuarteles y busca expandirse territorialmente hasta derrocar al presidente Zelenski. No obstante, los rusos no están logrando cumplir sus objetivos en tiempo y forma.

Uno de los principales problemas del ejército ruso radica en su organización rígida y centralizada que hace que se cierren en estrategias lineales. Al no tener una organización flexible se pierden la rapidez y la adaptabilidad, dos elementos que resaltaba Napoleón Bonaparte.

Además, los ejércitos que tienen ventajas en dinero, recursos y potencia de fuego se confían y tienden a ser predecibles. Al depender de su equipo, no del conocimiento y la estrategia, se desmadeja mentalmente.

Putin decidió bombardear las ciudades ucranianas para desmoralizar a los civiles, reducir la resistencia y evitar sufrir bajas, pero cuando un ejército emplea fuego indiscriminado es signo de desesperación e impotencia.

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Los ucranianos han logrado apretar los botones emocionales del presidente ruso cegándolo de la realidad. La frustración suele sacar a relucir el lado agresivo de las personas, lo que causa el abandono de la estrategia y la prudencia a favor de un ataque emocional y violento.

Ahora bien, está clara la disposición de los ucranianos de resistir, la conclusión es que a mayor destrucción y víctimas civiles corresponderá más disposición combativa. Esto se debe, en parte, a la causa moral de los ucranianos que es más poderosa que la de los invasores.

Putin tiene en contra el tiempo, el presupuesto, las bajas constantes de su ejército y los problemas internos por la crisis económica generada por las sanciones y el aislamiento. El orgullo y la ira se han impuesto sobre la inteligencia emocional del presidente ruso.

Si no hay una negociación, la guerra contra Ucrania puede durar meses o años. El problema de las fuerzas de Putin no era la llegada, sino mantenerse y a futuro su mayor problema será cómo salir.

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Internacionalista por la UDLAP, vicepresidente de Somos Naciones en México A.C. y colaborador del COMCE Sur. Me gustan los libros de historia universal, poesía y tecnología. En mis pasatiempos toco la guitarra acústica. Soy un mexicano comprometido en el desarrollo de un mejor futuro.


POB/RPC