OPINIÓN: OTAN, Rusia y Ucrania una batalla de machos alfa

La intención de incorporar países del Cáucaso a la OTAN no es nueva, desde el año 2003 ya se había presentado un conflicto en Georgia por sus intenciones.

Edgar ortega

Después de años de conflicto, de amenazas y supuestas negociaciones, el pasado jueves 24 de febrero inició la invasión rusa a Ucrania.

No es la primera vez que EEUU (entiéndase la OTAN) y Rusia se encuentran en una situación similar. Durante la guerra fría, EEUU buscó colocar misiles en Turquía lo que derivó en la llamada crisis de misiles en Cuba que fue la respuesta de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ante dichas intenciones. En esta guerra, ambas potencias afectaron a varios países con tal de imponer sus intereses y, aún al día de hoy, después de la desaparición de la URSS, el conflicto por la expansión de una u otra potencia, continúa.

La intención de incorporar países del Cáucaso a la OTAN no es nueva, desde el año 2003 ya se había presentado un conflicto en Georgia por las intenciones de este país de incorporarse a dicho organismo internacional; como respuesta, Vladimir Putin reconoció dos regiones de Georgia para que, de esta manera, estas regiones consideradas por Rusia como soberanas, pudieran votar en contra de la incorporación de Georgia a la OTAN. Estas acciones culminaron con un ataque por parte de Rusia en el año 2008 hacia la región de Osetia del Sur en su capital, Tsinjvali.

Cosa muy similar ocurre ahora con Ucrania, Donetsk y Luhansk que son las regiones que en este nuevo capítulo de masculinidades tóxicas se disputan EEUU y Rusia. Tal y como ocurrió en 2008 con Georgia contra Osetia y Tsinjvali, en estos territorios de Ucrania se han presentado crímenes de lesa humanidad por parte del gobierno de Ucrania.

Te puede interesar: OPINIÓN: ¿Nuestro machismo afecta solamente a las mujeres?

El término masculinidad tóxica proviene del movimiento de hombres mitopoéticos en la década de 1980. Este movimiento fundado por hombres para hombres, tenía como objetivo proporcionar a los varones una salida para su “hombría“ y define a la “masculinidad tóxica” como aquella que plantea una “única” manera de ser hombre, asociándola a atributos como exitoso en el trabajo, competitivo, autosuficiente, atractivo físico, heterosexual, con una hipersexualidad y agresivo.

Dichos “atributos” son perfectamente atribuibles a quienes protagonizan hoy los conflictos armados en todo el planeta, ya sea en Siria, Yemen, Palestina, Afganistán, Irak, Sudán del Sur, Sahel o ahora Ucrania, regiones que padecen este patrón de comportamiento por parte de potencias hegemónicas como EEUU y Rusia.

Las regiones mencionadas se han convertido en una codiciada zona de influencia para Occidente, lo que ha resultado en su perdición, pues tanto países europeos como EEUU pretenden controlar sus recursos energéticos y posicionarse estratégicamente para ejercer una nueva dominación geopolítica.

¿Cómo estos intereses pueden verse como masculinidad tóxica?

Partiendo de ideologías como la consideración del nacionalismo como supremacía y dominancia, esta construcción de identidades se traduce en acciones como como la imposición, el dominio y el sometimiento. Esta forma de entender y de “ordenar” el mundo, nos coloca en una normalización de la violencia disfrazada de nacionalismo, de libertad y de un falso sentido de identidad que conforman un contexto macro al que el activista y defensor de los derechos humanos Nicko Nogués ha llamado Paz Barata, concepto que se refiere a una supuesta paz que realmente es un estado de latente guerra:

Una paz frágil y barata porque la estamos viviendo a costa de muchos derechos humanos y medioambientales. ¿Quieres paz afuera? Tenla primero adentro”, dijo Nicko Nogués en 2020.

 

Si leemos con detenimiento los discursos de ambos bloques, podemos percibir cómo este planteamiento que hace Nogués se confirma con las amenazas de una destrucción del mundo como lo conocemos por parte de Putin, quien advirtió que cualquier interferencia por parte de la OTAN, tendrá consecuencias como nunca se han visto.

Por parte de EEUU y el resto de países europeos –siempre bajo el argumento de la defensa de las libertades–, violan sistemáticamente el derecho internacional, pues no respetan la autodeterminación de los pueblos, ni el respeto de los territorios de los países soberanos. Ejemplos hay muchos, Latinoamérica es uno de ellos, y, desde luego, los países arriba mencionados.

Pueden contactarme en Twitter, a través de:

Edgar Ortega es Economista por la BUAP, miembro de iniciativas ciudadanas como Ahora y Sumamos. Especialista en estudios de mercado y política pública. Director general de Methodica y director de proyectos de A&J Consultores. Hijo del patriarcado tratando de deconstruirse.

--
POB/LFJ