OPINIÓN: Desmontando los privilegios masculinos en el espacio laboral

La brecha salarial de género es uno de los ejemplos más palpables de los privilegios masculinos en el espacio laboral.

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En el panorama laboral actual, los privilegios masculinos persisten como una realidad arraigada que afecta profundamente las dinámicas de poder y las oportunidades de crecimiento profesional.

La brecha salarial de género es uno de los ejemplos más palpables de los privilegios masculinos en el espacio laboral. Según los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los hogares (ENIGH), las mujeres ganan en promedio 6 mil 360 pesos mensuales, mientras que los hombres reciben 9 mil 762 pesos, lo que implica una diferencia salarial del 35%. Los hombres pueden ganar más que las mujeres por el mismo trabajo, una disparidad salarial que refleja un sistema que valora y recompensa más el trabajo de los hombres que el de las mujeres. Esta inequidad económica perpetúa desigualdades profundas y obstaculiza el progreso hacia una sociedad más justa e inclusiva.

En el ámbito de las entrevistas laborales y los ascensos, los hombres rara vez se enfrentan a preguntas intrusivas sobre sus planes de tener hijos. Esta presunción de que la maternidad afectará la dedicación y el compromiso laboral de las mujeres es una manifestación flagrante de sexismo que limita las oportunidades de las mujeres en el lugar de trabajo. Al no experimentar estas interrogantes, los hombres disfrutan de una ventaja injusta que les permite avanzar en sus carreras sin tener que justificar sus decisiones personales.

Además, en el proceso de toma de decisiones y en las discusiones laborales, las opiniones de los hombres suelen ser tomadas más en cuenta que las de las mujeres. Esta percepción sesgada de competencia y autoridad refuerza los privilegios masculinos y perpetúa la exclusión de las voces femeninas en el ámbito laboral. Al ser constantemente validados y escuchados, los hombres pueden influir en las políticas y prácticas laborales de manera desproporcionada, perpetuando así la desigualdad de género en el lugar de trabajo.

Otro aspecto relevante de los privilegios masculinos en el espacio laboral es la ausencia de sospecha sobre las motivaciones detrás de las contrataciones. A diferencia de las mujeres, a quienes a menudo se les presume haber sido contratadas para cumplir con una cuota de género, los hombres rara vez enfrentan cuestionamientos sobre la legitimidad de su contratación. Esta falta de escrutinio refleja una norma implícita que privilegia la masculinidad en el ámbito laboral y profundiza la exclusión de las mujeres y otras identidades de género en la fuerza laboral.

Además, los hombres disfrutan de una mayor libertad para expresar sus ideas sin temor a ser cuestionados sobre su autenticidad o propiedad intelectual. Mientras que las mujeres a menudo enfrentan dudas y sospechas sobre la originalidad de sus contribuciones, los hombres rara vez se enfrentan a tales cuestionamientos, lo que refleja una percepción sesgada de competencia y autoridad en el lugar de trabajo.


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Un último ejemplo que expongo es en términos de vestimenta y expresión personal, los hombres tienen más libertad para vestirse como deseen sin enfrentar juicios o estigmas sociales. Esta flexibilidad en la expresión de género refleja una norma social que privilegia la masculinidad y limita la expresión individual de las mujeres y otras identidades de género en el lugar de trabajo.

En conclusión, la reflexión sobre los privilegios masculinos en el espacio laboral es fundamental para desafiar y transformar las normas tradicionales de género. Al reconocer y abordar estos privilegios de manera activa y consciente, podemos avanzar hacia un futuro más equitativo y justo para todas las personas, independientemente de su género u otras identidades.

Edgar Ortega es Economista por la BUAP. Especialista en estudios de mercado y política pública. Director general de Methodica y director de proyectos de A&J Consultores. Hijo del patriarcado tratando de deconstruirse.


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