Símbolos y misterios de la Virgen de Guadalupe

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La Virgen de Guadalupe es un icono religioso en nuestro país. Su origen se remonta al “Nican Mopohua”, un texto de 1649 que cuenta sobre las apariciones de la Virgen María, en 1531, al indígena Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

A la virgen se le adora a través de una pintura en un ayate; misma que, a decir del padre Eugenio Lira Rugarcía, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Puebla, le da la fuerza principal al testimonio guadalupano; además de otros documentos como el códice Escalada, el antes mencionado Nican Mopohua y el Nican Mopetana, los cuales –a decir del clérigo– comprueban la autenticidad del acontecimiento.

El milagro de Guadalupe

La Virgen María, en su advocación de Virgen de Guadalupe, se apareció varias veces ante Juan Diego, pero el sábado 9 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac, le pidió que fuera en busca del obispo y le dijera que ella solicitaba la construcción de un templo en ese lugar.

El indio fue en busca de fray Juan de Zumárraga para contarle de la solicitud de la Virgen, pero el fray no creyó en las apariciones, por lo que le solicitó una prueba.

En respuesta a la petición del obispo, la Virgen pidió al indio que cortara algunas rosas de Castilla de la cumbre del cerro y se las llevara al obispo. El mexica, que acudió a pesar de que en el Tepeyac no crecía ninguna flor, al subir se dio cuenta de un matorral de rosas de colores, mismas que cortó y guardó dentro de su ayate.

Posteriormente, al estar Juan Diego frente a Zumárraga abrió la tilma, al caer las flores se mostró impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe en el ayate del indígena.

“Las apariciones de la virgen sucedieron en un momento en que los moradores del México de ese entonces vivían situaciones muy complejas; porque por una parte habían recibido la gracia de conocer el evangelio que los misioneros habían traído de España, pero por otra eran víctimas de situaciones muy injustas y dolorosas”, comentó Eugenio Lira.

Simbología en la imagen de la Virgen

En la imagen de la Virgen de Guadalupe que quedó grabada en el ayate del indio Juan Diego, se pueden observar algunos símbolos que los expetos han tratado de descifrar a lo largo de los años, algunos de ellos son:

Las Manos: Las manos de la Virgen están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. Su mano izquierda es morena y llena, mientras que la derecha es más blanca y estilizada, pudiendo simbolizar la unión de dos razas distintas, la nativa americana y la europea.

El Vientre: En la imagen lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas era señal de una mujer glorificada que llevaba un hijo en el vientre. En ese momento se encontraba embarazada, su concepción se confirma por la forma aumentada de su abdomen. El cinto oscuro que lleva en sus manos marca también su preñez.

El Aura: La virgen está rodeada de rayos de luz que forman un halo dorado, o aura. El mensaje trasmitido es que ella es la madre de la luz, del sol, del niño sol, es decir del Dios grande y verdadero, y ella lo hace descender hacia el “ombligo de la luna” (México en náhuatl) para que ahí nazca, alumbre y dé vida.

Las Estrellas del Manto: Se afirma que posiblemente son 46 estrellas en su manto, las cuales corresponden a la posición de las constelaciones en el cielo del solsticio de invierno de 1531; año de las apariciones.

Las Constelaciones del Manto: Al lado Izquierdo de la Virgen (a nuestra derecha porque la vemos de frente), se encuentran “comprimidas” las constelaciones del sur:

Cuatro estrellas que forman parte de la constelación de Ofiuco. Abajo se observa Libra y a la derecha, la que parece una punta de flecha corresponde al inicio de Escorpión.

Intermedias, se pueden señalar dos: la constelación del Lobo y en el extremo la de Hidra.

Hacia abajo se evidencia la Cruz del Sur, y a su izquierda aparece el cuadrado ligeramente inclinado de la constelación de Centauro.

En la parte inferior, solitaria, resplandece Sirio.

En el lado Derecho de la Virgen se muestran las constelaciones del norte:

En el hombro, un fragmento de las estrellas de la constelación de Boyero, hacia abajo a la Izquierda le sigue la constelación de la Osa Mayor en forma de una sartén.

La rodean a la derecha arriba, la cabellera de Berenice, a la derecha abajo, Lebreles, a la izquierda la constelación de Dragón.

Por debajo de la constelación de la Osa Mayor, un par de estrellas de la constelación del Cochero y al oeste, hacia abajo, tres estrellas de Tauro.

La Luna: La Virgen de Guadalupe se encuentra de pie en medio de una media luna. Las raíces de la palabra México en náhuatl son metz-xic-co que significan ‘en el ombligo de la Luna’, por lo que la Virgen está en el centro, es decir, en México.

El Ángel: Un ángel se sitúa a los pies de la Virgen, con ademán de haber acabado de volar. Las alas son similares a las de un águila, asimétricas y muy coloridas, con los tonos muy parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan, que Juan Diego oyó cantar anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Conclusiones de los expertos

Estudios mencionan que la exacta distribución de las estrellas en el manto de la Virgen no pueden ser producto del azar, ya que representan con precisión las constelaciones de estrellas de un momento determinado.

Un estudio iconográfico de 150 pinturas de la Virgen de Guadalupe de los siglos XVII y XVIII, no encontró ni una sola copia en la cual se pudieran reconocer las constelaciones presentes en la tilma de Juan Diego.

Al respecto, el obispo auxiliar de la arquidiócesis poblana señaló que el ayate ha sido analizado profundamente, además de que se han estudiado los códices escritos y la documentación directa por paleógrafos e investigadores que han dado constancia de la seriedad de este suceso.

“Hay muchos estudios sobre el manto del indio Juan Diego, hay quienes han descubierto unas imágenes en los ojos de la Virgen y la iglesia lo permite para que haya más datos, lo más importante es el mensaje de María”.

Finalmente, Eugenio Lira dijo que la grey católica ha permitido este tipo de investigaciones porque no existe ningún conflicto entre fe y razón, ni entre ciencia y religión; por el contrario, aseveró, cada rama cuenta con su campo de trabajo y exploración.

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