Nota del editor: Este texto fue publicado en la Gaceta UNAM
número 5,112, con fecha del 30 de enero de 2020.

Luego de un sistemático proceso de vigilancia y evaluación sobre los glaciares mexicanos, en enero de 2001 los científicos del país dieron por extinto el glaciar del Popocatépetl. La noticia, un verdadero fenómeno climático, generó gran expectación en el mundo científico, informó Hugo Delgado Granados, director del Instituto de Geofísica (IGf).

El origen de tan singular suceso, agregó, se debe a los efectos que tuvo la erupción del volcán sobre los hielos. Desde que en 1994 inició la erupción, los materiales calientes, conocidos como proyectiles balísticos, más las cenizas, han caído sobre la superficie de nieve y el hielo glaciar, causando el deshielo.

Cuando la nieve recién caída se cubre de ceniza y ésta por el color, más que por su temperatura, recibe la radiación solar, se calienta y no permite que el glaciar se alimente, aunque se ubique en la altitud potencial para formar glaciales. De modo que la erupción del volcán, entre otros factores, hizo que se extinguiera. Hay hielo, pero son remanentes.

De acuerdo con Delgado Granados, los cientos de glaciares del planeta tienen su origen en las temperaturas suficientemente bajas para que el agua permanezca en estado sólido, como nieve o hielo.

No todas las masas de nieve o hielo se denominan de esta manera; por ejemplo, el casquete polar del norte es un cuerpo de hielo aunque no es glaciar. Un glaciar es toda aquella masa de hielo que tiene una serie de características, principalmente una dinámica que incluye movimiento desde la altura hacia niveles más bajos y un régimen de pérdida y ganancia, definió delgado Granados. La ganancia es todo lo relacionado con la precipitación sólida (nieve, granizo, ventisca).

Volcán Iztaccíhuatl. Foto: Agencia Enfoque

La altura a la cual comienza a formarse un glaciar depende de la latitud. Por ejemplo, a nivel de los polos, la altitud es prácticamente el nivel del mar, pero en el Ecuador los cuerpos de hielo se localizan por encima de cinco mil 700 metros.

En México, las temperaturas que favorecen la permanencia del hielo aparecen alrededor de los cinco mil 200 metros. Esto significa que en cualquier montaña a esa latitud, donde hay precipitación pluvial puede encontrarse un glaciar.

“Si la lluvia cae en algún momento del año, se transforma en nieve y poco a poco se convierte en hielo de glaciar. Éste tiene básicamente la misma estructura de la nieve, aunque con aire contenido, mientras que en el hielo del glaciar ha desaparecido todo el aire. De ahí que haya diversas características para considerar a un glaciar como tal”.

Los beneficios que aportan estas masas de hielo son tan evidentes que a veces pasan inadvertidas, consideró el investigador. A fin de cuentas, son cuerpos de agua en forma sólida, pero en época de secas se funden por efecto del clima y aportan agua a las escorrentías sobre cuencas que irrigan; también aportan grandes volúmenes de agua a los mantos acuíferos. De manera que si desaparecen los glaciares, simple y sencillamente disminuyen los flujos, no hay agua.

Profundamente mexicanos

Las cumbres de tres montañas del territorio mexicano alcanzan más de cinco mil 200 metros. Se trata de los volcanes Iztaccíhuatl (Mujer dormida), Popocatépetl (Cerro que humea) y Citlaltépetl (Cerro de la estrella o Pico de Orizaba). Esa altitud permite la preservación de hielo.

Por lo que se refiere al Iztaccíhuatl, de cinco mil 240 metros, una altitud poco favorable para conservar hielo, aunque aún se cuentan cinco zonas glaciares (una en el pecho, otra en la panza, y tres en el suroriente), comparadas con los 11 que llegó a tener hace tiempo, prácticamente ha desaparecido gran cantidad de hielo y está en una situación vulnerable. En cualquier momento el hielo remanente puede deshacerse. Está cerca del límite, advirtió el experto.

Sobre el Popocatépetl, es un volcán situado a cinco mil 420 metros, es decir, tiene 220 metros arriba de lo que es la altitud a la cual deberían prevalecer glaciares, pero debido a su actividad eruptiva se extinguieron.

Del Citlaltépetl (Pico de Orizaba), dijo que es una montaña de cinco mil 670 m de altitud, con un sistema glacial que ha venido retrocediendo de manera paulatina, pero significativa. Tiene la mayor probabilidad de sobrevivir un tiempo más aunque bajo un pronóstico reservado, pues ha venido cambiando el clima global. “Se piensa que puede permanecer dos o tres décadas más”, previó el científico.

En general, añadió, los glaciares pueden compararse con instrumentos altamente sensibles. “Si la temperatura ambiente global en el planeta disminuye, aquellos crecen; pero si por el contrario aumenta, los hace desaparecer”.

En el contexto mundial, está ocurriendo, advirtió Delgado Granados, de manera diferenciada, pero en los años anteriores el retroceso es notable. En los últimos dos millones de años, el planeta experimentó cuatro glaciaciones importantes; cuando concluyó la última, alrededor de 10 mil años, en México había glaciares en el Ajusco, en las sierras de Las cruces y la Nevada. Sin embargo, los hielos se fundieron y dieron origen al sistema lacustre que encontraron los antiguos mexicanos: en el centro de la Cuenca del Valle de México, en Texcoco y Xochimilco, irrigados por aguas que provenían de los glaciares.

Conforme pasa el tiempo –continuó el investigador– en el periodo posglacial la temperatura se elevó de manera natural.

“Lo que no corresponde a la evolución natural es el aumento global de la temperatura de varios grados, lo que se conoce como calentamiento global, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del incremento del ritmo natural con el que venía elevándose la temperatura ambiente del planeta. Hoy se sabe que el ritmo es demasiado rápido y los pronósticos no se cumplieron; es decir, el mundo se orienta más rápido hacia la extinción glacial de lo que se suponía.”

Otros efectos

Eventualmente, se sentirán otros efectos, dijo el científico. Por ejemplo, cuando desaparezcan los glaciares del Iztaccíhuatl ocasionarán, al mismo tiempo, un cambio en el clima local por una sencilla razón: el color claro de la nieve y el hielo reflejan la radiación solar, pero si desaparecen estas masas sólo quedará la roca desnuda que, en vez de reflejar la radiación, la absorberá. Así podría haber un aumento de temperatura adicional, lo que hace que el clima cambie en las mismas cumbres.

Esa situación, planteó, debe considerarse seriamente porque es irreversible, de ahí que el género humano tenga que buscar la manera de adaptarse a cambios: el climático, la temperatura y en el tipo de precipitación pluvial. Asimismo, evitar la erosión y para hacerlo hay que reforestar y conservar las áreas verdes.

Su preservación

El retroceso al que están expuestos los glaciares mexicanos es algo impredecible, lamentó, debido a que se suma el efecto antropogénico con el proceso natural. Aun así debe alentarse el cuidado del ambiente, evitando la emisión de gases de efecto invernadero.

En México, a diferencia de otros países, los glaciares no están bajo el riesgo de la voracidad de compañías mineras para explotar los recursos minerales. No obstante, en opinión de Delgado Granados, somos testigos de la desaparición de cuerpos glaciares, por lo que “es determinante realizar tareas que permitan saber cómo se adaptará la población a un cambio de ambiente y de paisaje”.

Aunque los investigadores de México, en general, y del IGf, en particular, han estudiado los glaciares mexicanos durante las últimas décadas, lamentablemente no se ha hecho de forma permanente y sostenida.

“Los científicos establecieron estaciones de monitoreo, pero al carecer en México de un servicio glaciológico que las atienda, si concluye un proyecto de investigación hasta ahí llega la capacidad de mantenimiento. Ahora tratamos de colaborar con el Servicio Meteorológico Nacional para equiparlas y mantenerlas ya que este tipo de actividades de monitoreo de los glaciares debe ser una actividad de tiempo completo”.

El reporte de las estaciones de monitoreo instaladas no es alentador.

“En el Iztaccíhuatl se trató de implementar un par de estaciones y como es zona popular de montañistas sin conciencia ambiental fueron vandalizadas. En el Popocatépetl, en razón de que prácticamente no hay glaciares, no tiene sentido instalar. Así que las únicas estaciones en operación son las del Pico de Orizaba”.

 

 


POB/LFJ