Talabartería, arte de crear con piel e riesgo de extinción

Bolsas, zapatos, cinturones, carteras, porta credenciales, fornituras para policías, ropa y todo aquello que proporcione la imaginación, es susceptible de ser fabricado con piel.

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José Guadalupe Martínez Rojas trabaja la talabartería en su negocio, ubicado en la calle 4 oriente número 411, a unas calles del Zócalo y a media calle del Mercado El Parían.

Empezó en el oficio haciendo cinturones y carteras. Hoy, recuerda con melancolía las dos talabartarías que se encontraban en los Portales del centro, las cuales, cuando desaparecieron, se llevaron una gran tradición y herencia cultural.

Don José explicó que bolsas, zapatos, cinturones, carteras, porta credenciales, fornituras para policías (como funda para arma, para esposas, cartuchera y porta lámparas) chamarras, chalecos, fundas para navajas o celular y todo aquello que proporcione la imaginación, es susceptible de ser fabricado con piel.

No obstante, opinó que el uso de vinil, pieles de imitación y otros materiales sintéticos han afectado las ventas en este negocio. Las importaciones, principalmente de China, proveen productos más baratos y pesar de su mala calidad, resultan ser muy atractivos a los clientes. Debido a que el costo es tan bajo, los consumidores prefieren comprar otro producto a reparar el que ya tienen.

El desuso de algunos utensilios como las sillas de montar y otros objetos como mochilas, bolsos y fundas tradicionales también ha ocasionado que sus ventas y servicios disminuyan.

Pese a lo anterior, don José considera que, actualmente, se está revalorando y volviendo al uso de productos fabricados en piel y cuero, pues presentan mayor calidad y duración; por ejemplo, un cinturón importado puede ser muy bonito pero durar aproximadamente tres meses, en comparación de los cuatro años que dura uno de cuero y aún más si se le da mantenimiento y con la posibilidad de repararlo e incluso de volver a pintarlo.

Otro de los factores es que hay pocos vendedores de cueros y pieles. Los productores más cercanos se encuentran en Zacapoaxtla y Zacatlán, en Puebla; y en León, Guanajuato, lo cual incrementa el costo por los gastos del viaje.

Don José platica que procura ir, al menos una vez al año, a León para proveerse lo más posible y así vender sus productos.

Mencionó que antes, en Puebla, había curtidores de piel; sin embargo, ante las regulaciones contra la contaminación y la falta de recursos para invertir en plantas tratadoras de agua en cada taller, tuvieron que cerrar.

El proceso de curtido requiere del uso de diferentes químicos que son contaminantes del agua. Calles como la 2 y 4 oriente eran famosas por este tipo de negocios; había curtidurías, peleterías, zapaterías, reparadoras de calzado y talabarterías. Ahora son muy pocos los negocios que sobreviven, no solo en estas calles, sino en toda la ciudad.

Desde hace 22 años, don José abre a diario su negocio. Sin embargo, por los daños que causó el sismo del 19 de septiembre, tendrá que buscar un nuevo local.

La talabartería –también llamada guarnicionería- es el arte de trabajar las pieles y cueros para darles forma de accesorios útiles principalmente para vestimenta, construcción de viviendas y barcas, usos militares, piezas de charrería y encuadernación; actualmente ya casi no se utilizan así, pero se mantiene el uso en mochilas, fundas, chamarras y otros ornamentos de la vida cotidiana.

Este oficio llegó a México con los españoles durante la conquista y se quedó como parte de las necesidades de la época y como herencia cultural. Inicialmente era usada para las monturas de los caballos y posteriormente, se le fue dando otro tipo de usos en la vida cotidiana. Tiene su origen en el Imperio Romano que lo llevó a gran parte de Europa donde fue adoptado y desarrollado ampliamente durante la edad media.

 

 


POB/LFJ